Victoria Lafora – Vender humo

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Antes de reunirse con el Rey en Marivent y constatar que continúa el bloqueo a la investidura, Pedro Sánchez lleva unas semanas de frenéticas reuniones con colectivos sociales, desde ecologistas, organizaciones feministas, hasta los representantes de la ‘España vaciada’. A todos les ha contado las enormes ventajas que supondría el que un Gobierno efectivo pusiera en práctica el gasto social que, casualmente, alcanzaría para todos. Incluso, cuando menos lo esperaban, los representantes de la plataforma ‘Soria ya’ o ‘Teruel también existe’ oyeron de boca del presidente en funciones la oferta de enviar a localidades en riesgo de despoblación determinadas administraciones del Estado. Los afectados pasaron del estupor al escepticismo nada más terminar la reunión.

España es un país descentralizado, con comunidades autónomas, diputaciones y municipios que, oficialmente, deben a acercar la administración al ciudadano y cuya existencia cuesta miles de millones al erario público. Son ellas las encargadas de gestionar esos centros escolares que se cierra por falta de alumnos, esos ambulatorios sin el suficiente personal sanitario, esa falta de trasporte regular y otras tantas ausencias de recursos que empujan a abandonar los pueblos y ciudades de la España interior. La oferta de Sánchez es lo mismo que vender humo.

Pero, como casi al mismo tiempo, el ministro Ábalos aseguraba que, cuando haya Gobierno, el tema de la financiación autonómica quedará resuelto y las penurias e impagos solventados, todo hace pensar que el PSOE, con Sánchez a la cabeza y todos sus ministros, ha entrado en campaña electoral. Aprovechando ‘la España de vacaciones’ se pretende dar sonoros titulares de prensa vendiendo las ventajas que habría supuesto ese pacto que Podemos rechazó. Si, además, de guardia en la formación morada solo queda Echenique, dado que Pablo Iglesias e Irene Montero están de baja por el nacimiento de su tercer hijo, una niña que también ha nacido prematura, juegan con ventaja.

Porque lo cierto es que, tras los enfrentamientos personales entre Iglesias y Sánchez en la fallida sesión de investidura de julio, las relaciones no se han recompuesto y, a la ya sabida desconfianza mutua, se suman las graves acusaciones públicas que se lanzaron en el hemiciclo. La política en España vive tiempos de egos encendidos y piel fina, donde los rencores personales modulan la vida pública mucho más intensamente que el sentido de Estado o el interés general.

Mientras, se acerca la fecha del veintitrés de septiembre y las fotos de los saraos en Marbella, o en Palma de Mallorca o en Cádiz sustituyen los necesarios encuentros entre los dirigentes políticos que tienen la llave de la gobernabilidad.

Por que si algo ha podido constatar Sánchez en sus encuentros ‘sociales’ es que el bloqueo está colapsando servicios imprescindibles.