Santiago Sanz Sanz – Por fin vi “Roma”… La de Alfonso Cuarón

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La promoción creada por la plataforma que emitió la película, los premios conseguidos por esta y “el boca a boca” de quienes ya la vieron la mostraban más que apetecible; irresistible. Así que me senté frente a la TV (formato grande afortunadamente) con cierto escepticismo por tanta expectación pero de igual manera con grandes expectativas a la hora de ver la película.

Las escenas trascurren a un ritmo lento; es una cadencia perfecta para recrearse en la belleza de las mismas y que a la vez esta permita a nuestra memoria interactuar con las experiencias y las intenciones del director: un viaje en el tiempo… y que tiempos. El blanco y negro. Por unos instantes me vino a la memoria el “cine español triste de posguerra”. Recordé a la directora y actriz Ana Mariscal hablándonos de cine a los niños segovianos en unas jornadas sabatinas para escolares de la EGB en el popular cine de los Misioneros. Muchos segovianos entrados en la cincuentena lo recordarán. Hasta allí íbamos de todos los colegios; nosotros de San José Obrero.

No recuerdo exactamente lo que aquella actriz y directora llena de talento nos explicaba aquel sábado por la mañana, pero sí recuerdo que en gran medida consiguió cautivarnos y mantenernos a todos calmados y atentos. Les aseguro que esto último no era nada fácil. Quizá la propia película, que mostraba un escenario real, fiel a la cruda realidad del Madrid destruido de la posguerra fue lo que nos enmudeció, o puede que fuese el propio papel que ella misma interpretaba: una mujer bella y delicada postrada en cama, que probablemente hizo que aflorara la parte más sensible del alma de aquella chiquillería de primaria.

Éramos niños y estábamos en los 70’s. He de reconocer que de todas aquellas cintas seleccionadas para estas jornadas, la proyección que sin duda más comentamos y que entonces pudimos disfrutar por encima del resto, fue la conocida “American Grafitti” y como era de esperar y obligatorio de una película de éxito, esta fue capaz de desatar gran algarabía en la salida. Igual que los personajes de la cinta de Cópola, nuestra prioridad era la de divertirnos y el cine era el más grande de los espectáculos que teníamos a nuestro alcance.

Como en ¨Roma” (la de Cuarón) habríamos cumplido las mismas edades que probablemente tengan los niños que intervienen en la película y seguramente teníamos un prisma parecido con el que observar las sociedades de México o España de aquellos tiempos. Tantos y tantos parecidos: las mismas canciones, los mismos juegos y todos aquellos acontecimientos políticos trascendentales pasando casi desapercibidos desde la perspectiva de un niño. Saben que se puede crear un escenario de la normalidad paralelo con el que darle una pátina de “belleza a la vida” y afrontar de esa manera los tiempos convulsos de políticas inciertas. Permite por ejemplo que los más pequeños no sean conscientes del siniestro vuelo de “los halcones”, paramilitares surgidos desde las sombras del Gobierno, que provocaron la masacre de estudiantes el día del Corpus de 1971 en la Ciudad de México. Evitó también que se sintiera miedo o preocupación la noche de la muerte de Franco en España, donde por cierto; por primera vez y sin que sirviera de precedente se nos permitió el desvelo para ver una película hasta altas horas de la madrugada. Una película de guerra y de las largas, “Objetivo Birmania”. Esta fue el tema de conversación en una mañana en la que no cesaron las sorpresas. Nos gustaba hablar de “películas” y eso hicimos. Fue una excelente manera de comenzar aquellas vacaciones inesperadas de Noviembre.

“Roma” invita a eso, sobre todo a hablar de cine. A dejarse seducir por la belleza del blanco y negro y hacerlo de la mano de un importante número de sugerencias acerca del cine referente del propio autor. Muchas de estas referencias son detectables y están presentes también en el imaginario colectivo: el neorrealismo, Pasolini, también Buñuel… y como me apuntó mi querido amigo, gran actor, intelectual y político mexicano Carlos Bracho: “Kurosawa, que no se te olvide”… Kurosawa, en efecto.

Me convenció sobre todo porque trata de relaciones y de discursos sociales ( a mi me lo parece); concretamente de aquellos ámbitos que tratan los vínculos que pueden generar o ser recordados con un alto grado de emotividad, donde por encima del estatus o de la clase social existe la solidaridad y la empatía con las circunstancias del más próximo hasta poder llegar incluso a despertar algunas conciencias. Una bella película en la que sin lugar a duda “la mujer” es necesariamente la protagonista. En definitiva una manera intencionada (o no) de que la película se convierta en “un magnífico homenaje a ellas” y lo es sobre todo porque cualquier reproducción “fidedigna” de la realidad social, en esencia, ya lo es.