Pablo Martín Cantalejo – El eterno Alcázar

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No voy a descubrir nada al amable lector sobre la fama, ciertamente mundial, con que cuenta nuestro Alcázar, fama que se ha ido ganando paulatinamente, no solo por su espléndida y originalísima silueta, sino también por su “contenido”, renovado e incrementado constantemente por el Patronato responsable de su conservación.

Y digo también por su original silueta porque sería asimismo muy interesante que los miles de viajeros que le visitan, o al menos un buen número de ellos, pudieran tener la oportunidad de contemplar la esbelta figura del Alcázar desde la Alameda de la Fuencisla, lugar desde el que se admira su belleza, su prestancia y su originalísima construcción al hilo de la gran roca que le sustenta. Sería preciso estudiar la posibilidad de organizar alguna visita guiada que partiendo de los jardines llevara, en microbús, hasta la mencionada Alameda , siguiendo después por la Cuesta de los Hoyos hasta dejar a los turistas frente a la antes llamada avenida de Fernández Ladreda.

Pero, bueno, es un sueño y una idea solamente. Mientras “llega” (si es que “llega” algún día), recordemos que la fama de nuestro Alcázar se ha venido extendiendo por todo el orbe, muy especialmente gracias a las miles y miles de fotografías que de él realizan los visitantes de la ciudad. Pero lo cierto es que ya, desde mucho antes, la silueta de la fortaleza segoviana se había venido dando a conocer a través de grabados en libros, cuadros pictóricos, etc., existentes hoy en numerosas bibliotecas y pinacotecas del mundo. Y no digamos el número de apariciones de su figura en películas de larga duración y en documentales. Sin olvidar que el Alcázar también sirvió de inspiración a los ilustradores de la tan conocida película de Walt Disney sobre “Blancanieves”, en la que “su” castillo es la reproducción un tanto imaginativa pero inspirada en la silueta de nuestra fortaleza.

Asimismo, el Alcázar ha servido como decorado para algunas obras escénicas. Al efecto encuentro ocasionalmente, en un libro sobre Grandes Compositores de la Música, una acuarela del pintor francés Auguste Maillet Rigon que sirvió de boceto como fondo para una representación de “El lago de los cisnes”, del compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovski (1840-1893), en el famoso Teatro de la Scala, de Milán. La acuarela de Rigon reproduce una panorámica del Alcázar, entre árboles, desde la Alameda de la Fuencisla, con reflejo en una especie de lago extendido a sus pies. La obra del pintor, nacido en Mormant en 1850 y fallecido en Reims en 1884, pertenece a un coleccionista llamado Bresso.

Es tanta la atracción que provoca el Alcázar en los visitantes, que incluso en horas nocturnas, las fechas en que la iluminación persiste, especialmente en los fines de semana, son muchos los que se acercan a los Jardines de la Reina Victoria Eugenia para contemplar el monumento. Por supuesto que solo pueden disfrutar del primer y asombroso plano que ofrece la Torre de Don Juan II y los espacios que la rodean, además de contemplar en escorzo el lateral de la fortaleza que mira al valle del Eresma. Pero como el espectáculo no deja de ser muy atractivo, la curiosidad queda compensada… Si estas visitas nocturnas son numerosas en época fría, no digamos en la etapa estival. Al tiempo, estos nocturnos visitantes pueden admirar, por un lado, el paisaje que ofrecen la carretera de Zamarramala, bien iluminada, y el barrio de San Marcos (sigue faltando iluminación en el santuario de la Virgen de la Fuencisla), y por el lado opuesto, valle del Clamores, la magnífica perspectiva de la recuperada e iluminada muralla, con el fondo majestuoso de la torre de la Catedral. Aunque esta última opción es ahora más complicada por causa de las obras de reforma de la antes mencionada plaza de la Reina Victoria Eugenia.

Es probable que sirva esta visita nocturna, al menos para los visitantes que pernoctan en la ciudad, para decidirse a hacer un recorrido diurno por la Alameda de la Fuencisla para contemplar la figura completa del Alcázar y de las obras de mejora y recuperación recientemente realizadas en las rocas que lo sostienen. Visita que bien podría intentarse hacerla en horas nocturnas. De ahí que al principio de este comentario me refiriese a una posibilidad (no creo que cercana, repito) de una visita guiada de noche mediante transporte en microbús. Cosa no imposible, claro. Pero…