Moises Migueláñez Gómez – Migueláñez y su vieja fábrica de chocolates

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Muchos al nombrar a Migueláñez lo relacionarán con sus meriendas infantiles de chocolate HERRANZ con pan al salir de la escuela en las décadas de los 50, 60… del pasado siglo.

Sin duda la localidad es conocida en gran parte de España por sus chocolates de antaño.

Además del “Herranz” existió otra marca que una familia elaboraba artesanalmente , Chocolates RUJAS; al respecto la familia Rujas disponían de un simple molino de cacao en la vivienda que de forma no muy mecanizada elaboraban su producto, que luego Inés, la propietaria, se encargaba de vender a las tiendas de la comarca, e incluso iba con su “serillo” bajo el brazo caminando a vender a Miguel Ibáñez.

Recuerdo perfectamente cierto día en aquella época, siendo niño, que me crucé con ella por un camino y me dijo:

—“Hijo, se me acaba el negocio; mira, ya llevo las tabletas sin envoltorio. No quiero adquirir más. Lo vamos a dejar. Con esto de esos polvos artificiales que han sacado y llaman “colacao”, ya no merece la pena. La gente va a la comodidad. ¡Pero donde esté el chocolate auténtico…!”

Y así fue, llegó la generación del “colacao” y el “ orlando” envasado…y se cumplieron sus vaticinios.

Otra familia, en este caso los hijos de don Máximo Álvarez fueron propietarios de una fábrica chocolatera en Madrid, y bajo las marcas, creo recordar, de LA COLONIAL y LA ESPAÑOLA se vendía en la tienda de ultramarinos que tenían en el pueblo.

Es por tanto que MIGUELÁÑEZ y el chocolate caminaron juntos durante bastantes décadas.

Volviendo a la fábrica Herranz, ésta entonces estaba muy industrializada, con maquinaria a la última, empleaba a bastantes obreros, especialmente de Migueláñez y de Bernardos, tenía su contable, su encargado, sus conductores de camiones propios para el reparto de los productos por gran parte de la geografía española así como para transportar la materia prima, la más importante, el cacao, que procedente de Guinea recogían en un puerto del Norte.

Conocí a don José Herranz, propietario entonces de la moderna fábrica; estuvo al frente de la misma hasta muy avanzada edad, llevando las riendas del negocio y estando siempre el primero en las instalaciones, incluso en época estival en que se cambiaba el horario laboral para fabricar muy de madrugada evitándose el calor que deterioraría el producto, pues entonces no se disponía de la refrigeración actual.

Posteriormente el negocio pasó a manos de dos de sus hijos y de éstos a los nietos, que elaboraban también chocolate en Ávila.

Ahora ha vuelto a tomar auge el consumo de chocolate y admira ver en estanterías de supermercados la abundancia de tipos del producto, del 70, 80, 90 por ciento de cacao… Ya entonces, hace unos setenta años se fabricaban bajo esta marca de Herranz tres tipos, el número uno, dos o tres, según la proporción de puro cacao; el precio era distinto, como es lógico, el más barato y popular el que llevaba más harina y el más caro el de mayor proporción de cacao. Aparte del precio se diferenciaban las clases por el color de la tan conocida etiqueta (gris, azul o roja), pero todas ellas con el ACUEDUCTO y el “MIGUELÁÑEZ (SEGOVIA)”. Igualmente se elaboraba chocolate con leche, con almendras y también con cacahuetes, éste más barato y asequible a modestos bolsillos de aquella época que no destacaban precisamente por la abundancia.

Bastantes años se elaboró aquí chocolate para el ejército, que recuerdo eran dos onzas con su envoltorio para raciones individuales; precisamente esto hizo que bastante gente del pueblo en aquella época sacara un dinerillo extra envolviendo las citadas chocolatinas, incluso en casas particulares pues no se daba abasto a tal demanda.

Tras muchos años cerrada esta fábrica, hace poco tiempo fue adquirida a la familia Herranz por María Jesús Fuentes Pérez, propietaria de una de las casas rurales existentes en el municipio, quien ha tenido la excelente idea de salvarla de lo que hubiera sido la ruina, el derrumbe; ha restaurado las antiguas máquinas, va adecentando el amplísimo edificio… Como buena emprendedora tiene grandes proyectos y es de desear que se vean cumplidos sus deseos.

Últimamente ha tenido a bien celebrar eventos importantes en la fábrica que han atraído a gran número de visitantes: catas de vino y chocolates, concentración de coches antiguos en octubre, visitas guiadas y pasajes del terror (Halloween) en fines de semana de noviembre… En fin, es algo muy gratificante ver cómo “resucita” después del sueño de unas décadas la querida fábrica de chocolates HERRANZ y alivia con sus visitas el drama de la despoblación de estos pueblos castellanos, aquella que endulzó el paladar a tanta gente y que llevó el nombre de Migueláñez y de Segovia por nuestra geografía, y sin duda fue enseña del pueblo.

Buen motivo estas visitas para conocer la localidad, su espléndida plaza con la esbelta torre románico-mudéjar o el excelente retablo renacentista de su iglesia en cuyo centro destaca la gran cruz procesional y el ‘Lignum Crucis’ que custodia la parroquia… y por qué no, disfrutar de alguna jornada en sus acogedoras casas rurales o tomar un vinito con los buenos aperitivos del “bar del cine”.