Miguel Velasco – Campaña electoral: La banalización de la palabra

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La verdad es que el paciente ciudadano apenas ha percibido -hasta ahora y salvo alguna añeja pegada de carteles- ningún cambio de actitudes entre lo que se ha visto, escuchado y leído a lo largo de la precampaña que no viene a ser -dicho sea de paso- una burda larga cambiada a lo establecido en el régimen electoral. Han sido tantas las barbaridades, los insultos, las agresiones verbales, las que la ciudadanía ha venido soportando con estoicismo e indiferencia que no encuentra ningún cambio desde que se inició la contienda.

Hemos venido -y seguimos-asistiendo- a una serie de actos y comparecencias en medios tan cargados de acidez, de descalificaciones y de improperios que no parece que se vislumbre por ningún lado el respeto obligado hacia el contrincante político (por llamarlo de alguna manera) que más parece -amigo Sancho- que se trate de una liza no entre adversarios por el escaño sino entre auténticos enemigos. No se entendería de otro modo si no viniera cada día con hartazgo profundo de esas descalificaciones y agresiones mitineras que, creo yo, no conducen a la captación del voto sino a enmarañar cada vez más la política y al descredito de los comparecientes en la liza. En un planteamiento que debería estar sustentado más que en lo que estamos viendo, en una exposición de programas ilusionantes para el ciudadano que le induzcan a volver a depositar su confianza en cualquiera de las legitimas candidaturas legalizadas y constitucionalmente sanas. Otra cosa es la realidad. Otra cosa es la falta de respeto insistente y la acritud en que se mueve el mensaje. Un mensaje en muchos casos (que se asemeja con el olor de la sardina podrida) más intencionalmente dirigido a denostar al otro que revelar al ciudadano las intenciones de los programas de gobernabilidad de uno para el progreso del país y hacia el logro de una mayor calidad de vida social. Y las barbaridades con que enturbian los espacios no parece que vayan en esa dirección ni a dignificar la clase. Ni parece tampoco que el escrache del otro dia en la propia ciudad de Segovia y en la Universidad de Barcelona con acoso preocupante de lo que se suponen grupos de la izquierda poco democrática hacia un partido de derechas debidamente legitimado para el uso de su derecho al miting, vayan en ese camino. Cuando las Fuerzas de Seguridad del Estado se tienen que aplicar para el mantenimiento de un orden subvertido, el sentido de la democracia se tambalea. Al margen de esas descalificaciones torticeras -inconstitucionales muchas- surgen varias preguntas. Pero ciñéndonos a las más elementales podríamos decir: ¿no es más lógico que los partidos aprovecharan esos mitines (también tertulianizados televisivamente) para exponer a la ciudadanía sus intenciones de progreso y bienestar en vez de insultarse y perder el tiempo y el esfuerzo encaminado al convencimiento en vez de aplicarlo en una respuesta cada vez más ácida, elevando así el nivel de la rastrería política?

Y a cosa: sería bueno saber -si se pudiera- cuáles son los verdaderos motivos, y preparación que impulsan a quienes conforman las candidaturas electorales de todos y cada uno de los partidos a incorporarse a las Instituciones del Estado. No digo que todos pero es una falacia la que muchos argumentan respecto a que tal inclinación esté sustentada en el servicio al país, a su sacrificio por el bienestar de la ciudadanía y al saneamiento de nuestros organigramas de funcionamiento del Estado (en el que muchos ni creen ni desean). Seria muy curioso conocer los entresijos de esos impulsos de «servicio».

Por otra parte, cuando más, nos llega con frecuencia una serie de intenciones, de promesas referida a La gobernanza futura (economía, pensiones, salud, progreso, creación de puestos de trabajo, igualdad, brechas laborales, educación, sanidad, etc que dibujan a España como un paraíso para la convivencia (lo que no deja de ser una utopía a la vista del desmoronamiento de Cataluña impulsado por un cerril independentismo.

En consecuencia, son tantas las promesas de mejora y saneamiento que en el marco más bien escaso que les queda a los partidos después del insulto constante, quieren hacer llegar a la ciudadanía, que no parece sino que se ha banalizado la palabra. Que como venimos viendo -en una y otra convocatoria electoral una cosa es predicar y otra dar trigo. ¿a que sí?