Miguel Velasco – El patinete

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Acabo de leer con cierta curiosidad una carta abierta firmada por Sandra Gala publicada en nuestro periódico alusiva al uso del patinete eléctrico (del que se deduce ser usuaria habitual) quejándose al tiempo de la infundada prohibición de circular con él por la ciudad, practicando al tiempo que un aspecto deportivo interesante un recurso de locomoción evitando la perniciosa contaminación atmosférica contra la que aparentemente se viene luchando por quienes tienen la responsabilidad de conservar y proteger en las debidas condiciones de salubridad la salud de la ciudadanía. Lo que no está nada mal. Lo malo es que esa actitud ha cundido a nivel general (incluida Segovia) aplicándose la prohibición sin el menor miramiento y, por lo que dice en aquel escrito, sin justificar debidamente en qué normativa se sustenta la órden municipal coercitiva.

A mayor abundamiento de la incongruente prohibición (que muchos usuarios han acatado sin más) nuestra lectora aporta datos de cuanto explicita -dice- la Ordenanza Municipal de Circulación respecto al tránsito con patines y monopatines y otros ingenios mecánicos concretamente por las aceras: “los ingenios mecánicos sin motor (monopatines, patines sin motor, patinetes y aparatos similares) no podrán circular por la calzada y transitarán únicamente por las aceras”. Añadiendo otra serie de normas para su circulación autorizada.

Este hecho, que no es tan irrelevante por afectar a un buen número de practicantes del susodicho artilugio de circulación que se han visto incluidos en la imprecisa normativa, puede revelar dos cosas: el más ignorante desconocimiento de su propia normativa municipal (nada menos que la Ordenanza Municipal de Circulación, que se supone vigente) por parte de la alcaldesa Clara Luquero y fundamentalmente por su concejal responsable del área de Tráfico, Ramón Muñoz Borrego, (ya cuestionado en su dia por su ineptitud que dio pie a una petición de dimisión); o, en otro caso, la aplicación a sabiendas de esa medida coercitiva de la prohibición de circulación en patinete contra la legalidad vigente, que tendría una responsabilidad municipal de mayor alcance. En cualquier caso se deriva una clara incongruencia entre lo legislado y lo aplicado sin ninguna justificación aparente.

Debe servir, pues, de reflexión la cuestionada prohibición dictada contra el patinete para, en todo caso,fijar contundente y claramente las normas que deben regir para la convivencia que especifica la normativa del Ayuntamiento en su Ordenanza de Circulación. Pretender opacarla o buscar tres pies al gato no es un procedimiento ortodoxo. Sean buenos y avispados. No se olviden de sus propias normas de gobernabilidad para que los tributadores podamos sentirnos seguros.

Como en las dos semanas pasadas no apareció “La calle” no tuve ocasión de expresarles a nuestros lectores mis mejores deseos de felicidad y prosperidad -legal- para el año que abre nuestra agenda. Lo hago ahora. Sean felices.