Miguel Ángel Herrero – Violencia y frustración

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Como suele ocurrir en todas las campañas electorales menudean las descalificaciones entre los líderes de unos y otros partidos. No es muy diferente en países de mayor tradición democrática. De todos modos, hay que reconocer que aquí las cosas han cambiado mucho desde 1996 cuando González soltó el furioso dóberman contra el PP, en un ataque de histeria que presagiaba la derrota socialista. No hace mucho, el infausto Zapatero (beneficiado por el tirano Maduro) comentaba a un conocido entrevistador de su cuerda que le interesaba mantener una campaña agresiva. En 2004, todavía fue peor, cuando en plena jornada de reflexión fueron asaltadas varias sedes del PP, horas después de la masacre del 11-M. Es conocido que la historia del partido socialista español está salpicada de manifestaciones violentas, sobre todo ante el temor de perder el poder, o cuando quieren provocar la caída de sus adversarios (basta recordar a Indalecio Prieto y tantos otros de sus cofrades incendiarios del 36). En estos casos, la violencia en las calles es clara señal de frustración ante quienes proclaman la ley y la razón.

Después del fracaso del dóberman, hay que buscar algo nuevo para atemorizar a los votantes con “la derecha que viene”. Lo cual demuestra que, aparte de amedrentar, no tienen ninguna otra estrategia política. En realidad lo que Sánchez pretende es ocultar su verdadero proyecto: desmembrar la España constitucional. Además ahora en esta campaña electoral, el trabajo sucio se lo hacen sus socios radicales comunistas, separatistas y proetarras. Fue hace unos días en Rentería, donde Rivera necesitó protección policial contra una lluvia de petardos e insultos. En San Sebastián y en Bilbao le tocó el turno a Abascal que recibió la visita de los bildu-etarras que intentaron reventar un mitin de Vox. Días antes en Barcelona radicales separatistas (los que apuntalan el gobierno socialista de Sánchez), acorralaron a la candidata del PP y a otros políticos, con motivo de un acto en la Universidad Autónoma de Barcelona. Y por si no fuera suficiente violencia, en Vic algunas hordas separatistas se entretienen lanzando dardos a una fotografía del rey Felipe VI.

Esos son algunos de los hechos protagonizados por los socios violentos de Sánchez, que secundan los podemitas bolivarianos, cuyo desprecio por los usos democráticos les lleva a culpar a las víctimas y felicitar a los agresores. A todo esto, el presidente de Gobierno sigue sin condenar las agresiones, ni proteger el derecho a la libertad de expresión de los responsables políticos. No es de extrañar, pues se beneficia de sus actuaciones violentas. Quien calla, otorga, dice el clásico. Pero al menos, ¿saldrá Sánchez en defensa del Jefe del Estado? En todo caso, seguro que habrá más de uno (o una) socialista de ley que lo haga; votantes socialistas que preferirán quedarse en casa antes que votar a quien les va a vaciar el bolsillo por los impuestos o les dejará en el paro.

A pocos días del trascendental 28-A, según las encuestas, hay todavía un alto porcentaje de indecisos. En su inmensa mayoría conciudadanos que quieren para ellos y para su familia un país democrático, un estado de derecho regido por la Constitución del 78. No querrán el oscuro paisaje diseñado por el doctor Sánchez sentado a la mesa con los amigos del fugitivo Puigdemon (relator incluido), jugándose en la sombra el porvenir de la España constitucional. Un negro escenario político que desprecia a las instituciones parlamentarias; allí, donde se deben tratar los asuntos ciudadanos. Pero Sánchez y sus accionistas políticos prefieren las tenebrosas componendas y la agitación callejera. Claros síntomas de frustración e impotencia.