Manuel Fernández Fernández – Cuéllar no es sólo toros, aunque también

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Recientemente este diario ha dado amplia noticia de uno de los más emblemáticos eventos cuellaranos, las dos procesiones de su Niño de la Bola, cada 1 y 6 de enero.

Y es que la villa cuellarana, conjunto histórico – artístico, no es sólo sus famosos encierros “más antiguos de España”, ni su castillo de los Alburquerque y sus historias teatralizadas, y sus torneos medievales, ni el espectacular conjunto de templos de románico mudéjar, la ruta de los belenes artesanales, la romería del Henar, Virgen patrona de la comarca y de los resineros de España, o las temperaturas más bajas del país…, también tienen su Niño de la Bola a la que profesan especial devoción y tradicionales cultos.

Desde la cuna me inculcaron la devoción al Niño Jesús de Praga, siendo hasta casado y con hijos cofrade de la archicofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga, al que conservo especial devoción, y al que a diario encomiendo mis intenciones, dudas o problemas.

Confieso que visitando la interesante capital de la República Checa, sin dejar de admirar su altivo castillo, la plaza con el reloj astronómico, el típico monumental Puente de Carlos, el Clementinum, o el interesante Cementerio Judío, donde sentí incontenible emoción fue en la que al planear la visita era mi preferido hito, la iglesia de Ntrª. Srª de la Victoria y S. Antonio de Padua, en la que se venera con interminables colas de fieles la imagen cérea del Niño Jesús de Praga, imagen que según tradición fue propiedad de nuestra abulense santa Teresa de Jesús, si bien en lo físico me defraudó su gesto no tan risueño y atractivo como nos lo muestran los miles de estampas e imágenes, tal vez, porque habiendo sufrido el templo un pavoroso incendio, se salvó indemne, pero siendo de cera, pudo afectarle al gesto.

El Niño de la Bola cuellarano es una de tantas imágenes de Jesús Niño, como el Santo Bambini de Araceli en Roma, el Niñopan en Méjico, o el Sotaqui de Chile. Atractivo Niño que muestra su afecto con la sonrisa, y su poder sosteniendo el orbe en su mano. El Niño de la Bola es el Niño Jesús de Praga español.

Tiene el tan querido Niño de la Bola de Cuéllar una muy curiosa historia que le hace llegar desde Madrid. Un ajero lo encontró casualmente entre trastos de un desván, lo limpió y se lo trajo a Cuéllar, dejándolo al cuidado de un cura. Cuando volvió comprobó que la imagen había despertado inusitado interés y gran devoción, hasta crear una cofradía. Es una talla barroca, lógicamente anónima, del siglo XVII, y posiblemente originario de gentes judío conversas, pues en las actas más antiguas conservadas se lee “…después de haber tributado al Niño Jesús los cultos que se acostumbran en la festividad de la circuncisión del Señor…”, rito hebreo, además de haber permanecido la imagen desde el principio en la parroquia de San Esteban, ubicada en el que fue barrio judío cuellarano.

En la actualidad administra, cuida y mantiene la devoción a la imagen una cofradía formada por 30 cofrades, que antaño eran 20, y solamente puede ingresarse cuando queda alguna vacante.

Aunque tradicionalmente había de tenerse la condición de cuellarano, salvo dos excepciones en la directiva, hoy no se exige esta condición para pertenecer a la cofradía.

Tradicionalmente vemos que todos los cofrades eran masculinos, además de haber de pertenecer a clase social nobiliaria, pero hoy está abierta, y las mujeres, desde 1855, pueden estar en la directiva. Es práctica habitual inscribir a los hijos desde pequeñitos, para que puedan llegar a ser directivos.

Los cargos de la junta directiva son abad, mayordomo y cuatro regidores. Hasta el siglo XIX se exigía estatus social nobiliario, luego, hasta 1983, se accedía a cargos por sorteo, hoy se hace por rotación.

Es obligatorio para los cofrades asistir a los cultos de 1 y 6 de enero.

También el honor de portar las andas antaño estuvo reservado para cofrades, hoy está abierto a quienes sientan esa devoción.
Ocho danzantes, dos de ellos cofrades, danzan durante todo el recorrido por parejas, dando la cara hacia el Niño. Antaño se sorteaban los puestos de mayor cercanía al Niño. Los espectaculares trajes de los danzantes se cree que pertenecieron a pajes reales. Hoy constan de camisa larga y polainas color ocre con estampados rojos, y pañuelo verde, antaño también vestían sombrero verde de ala ancha; alguna escarapela verde sobre la camisa.

Antiguamente se acompañaban los cultos con música de armonium, hoy se cantan villancicos y se acompañan con las típicas tejoletas.
También procesionan dos estandartes, que antaño eran tres, hoy uno está estropeado, y el cohetero.

A lo largo del recorrido de la procesión, que dura más de dos horas, se lanzan caramelos desde las ventanas.

Pues lo dicho, que la simpática, activa, industriosa, turística y acogedora villa segoviana de Cuéllar no es sólo los emocionantes encierros y su bien merecida fama taurómaca, ni su colección de interesantes monumentos, destacando el castillo y las murallas, sus puertas, templos, monasterios, palacios preñados de historia…, es sus tradiciones, leyendas, su paisaje y su importante paisanaje tan influyente en la aventura americana, y, por supuesto, la emocionada devoción a su Niño de la Bola.