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Otro ejemplo de pundonor y lucha, para ser contado y conocido, es la historia de Sara Martín que se ha proclamado campeona del mundo en Gimnasia Rítmica, ha ganado 11 veces el Campeonato de España, y en el año 2016, en los ‘Trisome Games’, los Juegos Olímpicos para personas con Síndrome de Down, logró cinco oros en las pruebas de cinta, mazas, aro, pelota y categoría general.

Su historia no se puede comprender, ni desligar, de la de su entrenadora en el Club Deportivo Algar de Elche, Titi Alberola, que la conoció cuando solo tenía tres años. Su compromiso con el deporte es una inspiración para todos los que la conocen, y un ejemplo de superación constante.

Al principio comenzó a practicar deporte para mejorar su coordinación, la musculatura, el equilibrio, para poder desarrollarse mejor, y a los seis años ya comenzó a entrenar en gimnasia rítmica. Para su entrenadora, que no tenía ninguna experiencia previa con personas con discapacidad intelectual, suponía un gran reto, y uno bonito además.

Sara entrenaba junto a otras sin discapacidadante la extrañeza de muchos, las trabas y el comportamiento de algunos padres, que comentaban que no iba a ser serio y que no avanzarían. Ahora el número de gimnastas con discapacidad ha aumentado, y las edades van de los 6 años a los 42. Han evolucionado y la integración es fundamental porque es beneficiosa para todos.
Las gimnastas sin discapacidad aprenden muchísimo de ellos y ellas, sobre todo de su afán de superación. No fallan a los entrenamientos aunque caigan chuzos de punta o por no sentirse del todo bien, porque “hay que entrenar cuándo toca”.

A los nueve años, Sara compite por primera vez. Sus puntos fuertes son el buen manejo de los aparatos, tiene una buena técnica, y aunque los débiles tienen que ver con su condición física, se esfuerza al máximo. Es muy disciplinada, y para preparar una competición se entrena de tres a cuatro horas diarias, cinco días a la semana. Sabe cuándo lo ha hecho bien y siempre quiere mejorar.