José María Martín Sánchez – Noticias trascendentes e intrascendentes

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Estaba el que esto escribe a la “rebusca” de noticias ya pasadas de moda, más por consumo de los tiempos, pues interés tienen, y al encontrar menudencia suficiente para entretener me dispongo a colocarla en la nube. Lugar creado por “lo” digital y muy visitado a cualquier hora del día y de la noche.

-Es para conocerlo. La Biblioteca de la Academia de Artillería nació en el siglo XVIII (1764). Ubicada en la sede del Colegio, en El Alcázar, creció de forma admirable. Así, cuando el lugar fue la sala de Los Reyes del referido lugar, contaba ya con 11.000 volúmenes. Del incendio de los miles de libros y documentos ya referidos, sucedido en 1862, terrible por sus consecuencias devoradoras, solo se pudieron salvar 297. Y ello gracias a profesores y alumnos.

Tras el incendio, el Colegio se traslado a su actual ubicación en el Convento de San Francisco. En el lugar, biblioteca y fondo documental han ido creciendo de forma exponencial. Cuenta ahora con más de 60.000 volúmenes. A ello se ha llegado a través de múltiples donaciones, fundamentalmente, de la gran familia de la artillería, cuyo orgullo por su biblioteca es manifiesto.

-Que se sepa. El Concejo de la ciudad, por la Edad Media o cerca, dado que no tenía ni casa ni refugio ni dinero (normal), llevaba a efecto sus reuniones en la iglesia de San Miguel. Esta se situaba en el centro de la plaza. Si las sesiones eran en verano, bailaban en corrillo en el atrio; si, en invierno se subían a “cantar” al coro. Al hundirse la iglesia, 1532, y continuar sin casa propia, pagaron al Conde de Puñonrostro una “pasta” y le alquilaron su palacio (c/Colón, donde está la Hacienda Pública). Sería en 1610 cuando el arquitecto Brizuela diseñó los planos de lo que sería la Casa Consistorial. Y ahí está, viendo pasar el tiempo.

-Había nacido Daniel Zuloaga y Boneta en Madrid en el año 1852. Contaba con 69 años cuando falleció (27/XII/1921), después de una larga enfermedad. Su funeral se llevó a efecto en la iglesia de San Martín y descansa en el cementerio del Ángel de la capital. Había llegado el grandísimo artista a Segovia en el año 1893. Entre sus múltiples actividades estuvo su colaboración con los primeros tiempos de la Univ. Popular. Allí, el 7 de febrero de 1920, pronunció la primera conferencia con el título “Arte aplicado a las industrias”.

-Créanselo. Reclamación laboral habemus. Año 1921. Los sacristanes de las iglesias del partido de Sepúlveda amenazaron con declararse en huelga tras acuerdo tomado en asamblea. Peticiones: que se les concediera el mínimo de una peseta diaria de paga, por iguales partes, entre los sacristanes del término de ascenso. Es decir, tanto fueren de entrada o rurales de primera y segunda clase, “sin que ello suponga -decían-, prescindir de los derechos parroquiales”. Lo pasaron todo a una nota y la mandaron al obispo, que lo era entonces Manuel de Castro Alonso. Digo yo que dado que lo pedido se pagaba de las limosnas que se recogían en las iglesias, los habitantes del pueblo, cual empresa, se harían cargo de la reivindicación laboral.

-Un pasito “pa’tras”. Año 1570. Ana de Austria viajaba a Segovia con una finalidad concreta, casarse con Felipe II. Al caer la noche y estando cerca de Valverde, su séquito consideró que sería buena cosa pernoctar en la localidad. Mozas y mozos del pueblo, según costumbre en las bodas, regalaron a la que después sería reina menaje de cocina. Ana, pese al cansancio, los recibió con agrado. Llegados a la capital dijo a una de sus damas que fueran regalados a un hospital. Tutti contenti (o casi)

– Sitúese. Cuesta de los Hoyos. Época de polvo, baches y barro. A través del Puente del Piojo subían, tomando la curva de La Fuencisla, carros, carretas, mulos y personas que traían productos para la ciudad. En vez de llegar hasta su final en Santi Spíritu, “cortaban” por El Piojo. Para ello, para llegar hasta la plaza del Alcázar, habían de superar un pendiente zigzagueante de tres pares de huevos (son seis). Cuando llegaban a las casas del obispo, en la referida plaza, descansaban todos. El puente que salvaba el Clamores, del que ahora queda un cacho/trozo/pedazo, lo rompieron, o como mejor se entienda, en 1860. Tenía tres ojos (el puente).