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El fútbol vive rodeado de sonrisas y lágrimas. El poder del dinero mueve su cúpula. Gastan sin medida -o eso parece-, y recogen el producto -pese al alto coste invertido-, a través de abonos, entradas, publicidad, televisión… reciben el apoyo de millones de personas que llenan sus estadios (por más que se vean asientos vacíos, siempre están llenos, porque su ‘dueño’ ya le ha pagado); sus dirigentes procuran adular, y ellos son adulados, a los que poder tienen. Políticos, millonarios, empresarios de alto ‘copete’…

Clara muestra del negocio futbolero, visto desde su cúspide, es la inversión multimillonaria que realizan agentes que mueven la economía mundial. Ellos, los que tienen, y tienen mucho, ya han mostrado su interés comprando clubes que les son rentables. Desde ellos mueven los hilos del compro, vendo, cambio, cedo… no les importa, en determinados supuestos, pillarse los dedos. Todo es cuestión de subir el precio del barril.

Cierto que en ese descrito camino de los de arriba, se encuentran los que mueven los hilos, pues en la otra parte, los de ‘la mitad de tabla para abajo’, la mayoría se debate en el letargo de vida o muerte económica. Incluso puede que a los clubes de base llegue alguna ‘migaja’’ en forma de sociedad colaboradora que incida en parte en la vida futbolera. Normalmente no disponen de un gran capital, pero sí del suficiente para que aquellos directivos de clubes que están con el agua al cuello, vislumbren una tabla de salvación ¿Merece la pena? …”En este mundo traidor, nada es verdad…”.

Es el poder del fútbol. Hay quienes consolidaron su posición como negocio -los menos-, y quienes se afanan por llegar. ¿Cuestión solo de marcadores? No, que va. En un mercado -y el fútbol de élite (no todo) se encuentra negociando dentro de él-, son tantos los hilos a mover que se necesita de gente muy preparada. De ahí que la FIFA vaya a regular ese poder económico de compra, venta y publicidad creando un banco mundial.