José M. López López – Cruces y dolores del mundo, uníos

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Dicen que el dolor se multiplica cuando se queda solo. Jesús lo sabía y se lamenta en la puerta de la Pasión: me dejaréis solo. Fue su única queja durante toda su Pasión. Una Cruz sola en el Calvario. En realidad eran tres, pero estaban solas cada una. También en todos los Calvarios del mundo hay muchas cruces; cada hombre lleva la suya, pero ¡están solas! Porque dicen que cada vida y cada muerte son únicas e intransferibles. ¿O tal vez, desde aquel día en que Jesús fue levantado en alto, Él atrajo a sí a todos los hombres, a todas las cruces del mundo? Ya desde su Cruz tendió su mano acogedora al ladrón arrepentido: Hoy estarás conmigo.

En el mundo hay gente que llora. Gente que sufre. Gente triste. Hay muchas cruces como la del Gólgota. Esta semana queremos acercarnos a esos sufrimientos, contemplarlos, sopesarlos, recibirlos, aun sin entenderlos. Hay quien, al mirar la violencia, hambre, injusticia, marginación, guerra, soledad, llanto, abandono, burlas… siente que se le conmueven las entrañas y está dispuesto a comprometer su vida para aligerar esas cruces.

Igual que hay gente que, como Pilatos, se “lava las manos” ante los problemas e injusticias “no soy responsable de la muerte de este hombre”. No querer saber nada. Apartar la mirada para no ver lo que duele. Pretender no ser responsable de las propias decisiones. Refugiarse en el olvido o en la ignorancia de quien no quiere que nada le salpique. Huir, al fin y al cabo. Negar lo que es evidente. Acceder al abuso, aun sabiendo que es injusto, para evitarse problemas. Y así seguimos. Hoy esa negación se llama indiferencia; o se llama ceguera; se llama justificación de lo que no es posible. Nadie quiere ser responsable, pero tantos seres humanos siguen muriendo en tantas cruces injustas… El lugar del poder… que no quiere problemas. El lugar donde, ante el conflicto, sale perdiendo el débil. Porque Pilatos no quería condenar a Jesús, pero prefiere lavarse las manos a enfrentarse a las autoridades judías. Prefiere la muerte de un inocente a los disturbios que harían tambalear su posición.

Hoy, Domingo de Ramos, estamos citados todos junto a su Cruz. Hoy vuelve la Pasión de Cristo; digamos mejor que continúa; porque la Pasión de Cristo es una aventura constante, interminable: cada día, cada noche, en cualquier lugar, se levantan las cruces, se repiten las historias con sus domingos de ramos, de gloria y de palmas, y sus viernes santos cruentos.

Durante esta Semana Santa nuestras calles rebosan de fieles, nuestros templos celebran el gran Misterio. Acudamos todos al encuentro del Señor que pasa. Cada uno con su vida y su pasión. Que no se quede ninguna cruz perdida por los caminos.

Se necesitan “costaleros” fuertes y generosos que ayuden no sólo a llevar los Pasos, sino que también carguen sobre sus hombros las cruces que se han extraviado o perdido, que se han quedado solas, que necesitan un “cirineo” que las acerque al Calvario.

Ha llegado el Tiempo de la Compañía con su grito constante: ¡Cruces y dolores del mundo, uníos! Que ningún cansado y agobiado se quede fuera. Porque a Cristo le duele todo: su carne y su alma, tú y yo. Le duele el mundo entero, y le seguirá doliendo mientras que sus miembros no despertemos a la generosidad.

La vida de Jesús entregada hasta la muerte nos revela el camino para liberar y salvar al ser humano. Lo expresa bien este poema-oración de Javier Pereira, titulado “En algún lugar”: “Pese a las muchas dudas que tiene mi fe sé que en algún lugar el dolor encuentra consuelo. En algún lugar la paciencia deja de esperar. En algún lugar el pobre encuentra su dignidad. En algún lugar la soledad advierte compañía. En algún lugar la incomprensión encuentra explicaciones. En algún lugar el odio descubre el amor. En algún lugar el tiempo perdido se recupera. En algún lugar la verdad sale a la luz. En algún lugar la muerte da paso a la vida. En algún lugar el silenciado recupera su voz. En algún lugar la justicia es restablecida. En algún lugar Dios se encuentra con el ser humano. Y sé también que ese lugar puede ser aquí, ahora”.