J. M. Martín Sánchez – De cuando a Segovia le apartaron del ferrocarril

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Los avatares del ferrocarril para que Segovia pudiera entrar en los planes de expansión de la comunicación ferroviaria, son de sobra conocidos. La lucha dialéctica entre ingenieros de Segovia y Ávila por conseguir que la línea del norte, en su tramo Madrid-Valladolid pasara por Segovia, no se ganó. Ávila lo conseguía a pesar de que el recorrido para los trenes de viajeros era de una hora más, si bien el coste de la obra era un 10% menos.

A los viajeros que les den. Segovia se quedó, otra vez, a la espera.

Sin embargo, había tantas ganas y necesidad de salir de la atonía, que tras haber quedado la ciudad apartada del “ramal”, un contratista de obras ferroviarias, José Salamanca, se dirige a Diputación y Ayuntamiento para decir:

“Propongo construir un camino de hierro desde Madrid a Valladolid, pasando por Segovia. El coste puede estar alrededor de 80 millones de reales”.

Ambos organismos asumen el proyecto y buscan financiación. Necesitan apoyos para encontrar las cantidades necesarias. Gestiones se realizan muchísimas. Así, en el menor tiempo de lo esperado, se consiguen implicaciones importantes. A saber:

-Segovia: 25.872.297 reales
-Municipio de El Espinar: 12.571.316 reales
-Comunidad de Cuéllar: 4.000.000 reales
-Comunidad de Pedraza: 3.200.000 reales (¿)
-Comunidad de Sepúlveda: 1.100.000 (¿)…

Junto a ellos hubo también gran número de segovianos particulares. Mas… el proyecto fracasó, pese a que el compromiso del Ayuntamiento llegó hasta ofrecer todo lo que ingresaba de “propios”, a la empresa que hiciere el ferrocarril. Se luchaba contra el aislacionismo de la ciudad y provincia, de tal forma que, cuando se proyecta la construcción del tramo Villalba-Segovia, el Ayuntamiento subvencionó la obra con 1.500.000 pesetas. Era el año 1888.

Sí hubo interés y se defendió la llegada del ferrocarril a Segovia en contra de aquellos que teniendo que decidir, y pese a no ser la opción, obviaron el gran trabajo que en defensa de de nuestro proyecto hicieron Melitón Martín y Ezequiel González, entre otros.

Los tejados grises
Espero que sepan que la pizarra es una “piedra de grano fino formada por rocas sedimentarias de arcilla endurecida y compactada”. Si lo que he leído es verdad -y no lo pongo en duda-, la referida ha cumplido ya 550 millones de años. De más datos sobre la piedra dispongo, pero los dejo para otra ocasión.

Sí les digo que el primer impulsor de la pizarra en España fue Felipe II. El Rey había visto en sus viajes por Alemania -a bordo de “carro de mulas”, el Fálcon llegó después,-, tejados cubiertos de pizarra y a saber -porque se lo habían “chivao” sus asesores-, que Bernardos tenía minas impresionantes del material, entre los años 1559 y siguientes visitaron la localidad segoviana pizarreros procedentes de toda Europa. Así comenzaron las obras reales. Por encargo de Felipe se empizarraron el Palacio del Bosque (Valsain) y el Alcázar de la capital, que fueron las dos primeras edificaciones que lucieron sus tejados de pizarra en Castilla.

“Caminito que el tiempo ha borrado…” (Gardel)
Descripción rápida. Para los que se apunten al saber, sepan que el puente sobre el Clamores, “Pontosilla del Berrocal”, que como su nombre indica se construyó para superar por arriba el Clamores, estaba situado en la c/ Berrocal, hasta que en 1552 -más/menos-, se cambió por la c/ Muerte y Vida. Sepan también que por aquellos tiempos y en este lugar del puente, tenía su inicio la calle Arrabal, que en su último tramo era conocida como “Real del Mercado”, siendo su pertenencia religiosa a la iglesia de Santo Tomás. El referido camino acababa en La Dehesa. Mas los que querían continuar podían hacerlo pasando por Hontoria y llegar hasta Madrid.

Pantomima clásica
“Me lo contaron ayer las lenguas de doble filo… (Profecía-Rafael de León)”. Salvo error, que me dispongo a corregir cuando proceda, siendo alcalde de la ciudad Eulogio Martín Higuera comentó a los “recogenoticias” de antes, periodistas de ahora, lo siguiente: “Ya se han colocado las lápidas de rotulación de las calle, cuyos nombres han sido últimamente variados. Era esta una reforma necesaria para que desaparecieran los anteriores letreros, más propios de un villorrio que de una capital de provincia” (1898).

Tema socorrido en política municipal lo conforman los nombres de las calles. Depende de quién gobierne, quitan unos (los que pusieron los “otros”) y encumbran a sus afines. Pantomima clásica.