Francisco Muro de Íscar – Semana Santa de pasos, tronos y lágrimas

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Un descanso, una pausa, un tiempo para pensar, para saber de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Un misterio tal vez inalcanzable, la fe que sustenta la vida de muchos millones de personas y la que otros no entienden ni comparten. Una hermosa historia de amor, de entrega. Un mensaje de Perdón y de Paz. De Amor. El ruido que nos golpea todos los días y el silencio que, como dice Xavier Melloni, “no es la ausencia de ruido sino de ego”. Plantearnos quiénes somos, si creemos que hay algo después de la vida, si ésta es solo una pequeña parte de nuestra existencia, si estamos aquí para algo más que para vivir. Los otros como referente, como objetivo, como obligación de entrega. Una larga, brillante, a veces olvidada historia de fe, de cultura, de grandes catedrales, de sinfonías únicas, de cuadros y libros inolvidables, de vidrieras irrepetibles de luz y color, de agujas como la que se ha derrumbado bajo las llamas en Paris. Todo eso es la Semana Santa de los católicos y la que han conocido desde la escuela y la familia muchos que no lo son. Lo esencial de la Semana Santa es la esperanza en la resurrección de Cristo y, por Él, de la resurrección de todos nosotros.

Esta Semana Santa seguirán cayendo las lágrimas por el incendio de Notre Dame. No se ha perdido una catedral, se ha perdido un símbolo de la fe, un edificio que representa los cimientos de Europa, la fe de Europa, la razón y las raíces de una civilización. Tiempo habrá para hablar de la desidia de los gobernantes franceses por cuidar ese templo de la fe como aquí deberíamos pensar que sin la labor de la Iglesia Católica cientos de catedrales y de Iglesias serían hoy simple recuerdo. Notre Dame como todas las grandes catedrales no son de los católicos, de los franceses, de los españoles o los alemanes. Son patrimonio universal, historia de todos, herencia de todos, incluso aunque rechacemos esa fe sin la que no se entiende Europa. Hay que cuidar esos tesoros para no llorar después.

Esta Semana Santa es también tiempo de pasos y de tronos, no de Juegos, sino de fe. Desde el sur al norte, del este al oeste, desde Ceuta a Melilla, desde Canarias a Baleares, millones de españoles, además del descanso, celebran la Semana Santa, viven a pie de calle, sean católicos o no, las emocionantes procesiones, rezan, manifiestan su fe. Y miles de cofrades procesionan por las calles como muestra de una fe, una tradición un sentimiento que merecen respeto porque tienen valor y son una muestra de espiritualidad.

Dice el Papa Francisco que la principal tentación de este tiempo es la mundanidad, el intento de llegar a la meta mediante atajos y compromisos falsos, buscando siempre subirse al carro del ganador. “Con la cruz no se puede negociar. O se abraza o se rechaza”, dice Francisco. Esta Semana Santa de tronos, pasos y lágrimas, reclama de nosotros una mirada hacia dentro, hacia lo esencial, para despojarnos de tanto que nos sobra y escucharnos a nosotros mismos.