Fernando Redondo Berdugo – Resucitemos el monte segoviano

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La historia de la humanidad hunde sus raíces en el territorio porque forma parte de él. Personas y naturaleza han sido indisolubles durante miles de años. Nuestro bienestar más esencial siempre nos ha mantenido apegados a la tierra, y durante cientos de generaciones nos hemos beneficiado del contacto con ella. Entre pastos y montañas, ríos y arbolados, las personas nos sentimos bien.

De la misma manera, las tradiciones se depositan en nuestra cultura común sin necesidad de revisarla, pues la fuente que nos alimenta es la misma que nos dio de comer: nuestros progenitores. En su memoria y en homenaje a ellos guardamos la cultura y la tierra recibida. Nuestra tierra. La que fue de ellos y ahora nos pertenece. Y nosotros en agradecimiento y en su memoria, y para mantener nuestra conexión emocional con aquellos, la cuidamos, la mantenemos y la disfrutamos.

O no. Quizá ya no.

Porque en el éxodo a las ciudades, todos hemos traicionado uno de los dos puntales que nos vinculan al pasado: hemos abandonado el territorio para siempre. Algunos herederos hemos mantenido la propiedad del territorio forestal de nuestros mayores, pero lo hemos dejado de cuidar y a veces de visitar. Hemos abandonado un territorio excesivamente fragmentado, producto de las herencias recibidas, y al que se le otorga un escaso valor económico.

Para revertir esta situación de abandono y falta de gestión, algunas iniciativas están floreciendo en distintos lugares de nuestra Comunidad Autónoma. Actuaciones que pueden suponer la recuperación de la tierra para el beneficio de todos: de los propietarios, de sus vecinos y de sus visitantes.

Un ejemplo de ello es lo que se ha empezado a hacer en el Pinar de Nieva, en el municipio segoviano de Nieva, que ocupa una extensión de unas mil hectáreas forestales. A iniciativa de la Asociación Forestal de Segovia se ha dado forma a la unión de sus propietarios individuales en una Asociación que pretende aglutinar a los más de 400 propietarios, la mayoría residentes en Segovia y Madrid, para promover una gestión conjunta a través de una concentración parcelaria por iniciativa privada.

Y es que muchas pueden ser sus ventajas. La primera y más importante, la posibilidad de tener un plan de ordenación de ese territorio que se convertirá si todo sigue adelante, en una hoja de ruta para devolverle la vida que el éxodo le quitó. Mil hectáreas donde resineros trabajarán para sacarle un nuevo rendimiento a sus troncos; maderistas que extraerán la madera y la biomasa, posibilitando la regeneración del monte y utilizándolo como una fuente de calor sin empeorar el cambio climático; micólogos que con un acotado micológico permitirán la venta de permisos y las visitas de aficionados: en definitiva, empleo rural que dará nueva actividad al municipio. Pero también turistas que podrán disfrutar de nuevas zonas acotadas de recreo; casas de turismo rural que aumentarán el tránsito de la zona; restaurantes y bares, que hoy están cerrados. Riqueza en todas sus formas y enfoques. Riqueza para los propietarios que rentabilizarán sus tierras y riqueza para la sociedad. Y algo muy importante que siempre sobrevuela los terrenos forestales: el miedo a las llamas que arrasan toda forma de gestión forestal, de vida y de disfrute, con un control y prevención de los incendios.

La Administración está conforme en supervisar todas estas actuaciones y dispuesta a declararlo de utilidad pública. Ningún propietario individual tendrá que abonar nada en concepto de gastos de gestión. Y aquellos que aún no tienen documentos que acrediten la titularidad del monte la tendrán, con su correspondiente registro de la propiedad, o podrán dejarla en manos de sus herederos. Los propietarios tendrán prioridad a la hora de solicitar ayudas económicas a la administración, pues estarán asociados a la Asociación Forestal de Segovia (www.asfose.com) que se encarga desde hace 30 años de ese proceso administrativo y de dar toda la información al respecto, además de asesoramiento técnico, legal y ambiental. Y en caso de interés en la venta de los terrenos, no sólo despertaría el interés de los propietarios de las parcelas adyacentes, sino de un público mucho más amplio. Los herederos de las parcelas tendrán legalmente un porcentaje de un título de propiedad que será de todos.

Y si todo esto es cierto, ¿por qué no se ha hecho ya?, dirán ustedes.

Esa es una buena pregunta. La respuesta es sencilla: por el apego a la tierra, a su tierra, a la que fue de sus padres y de sus abuelos, volviendo al principio de esta reflexión. Por no abandonar pinos que ya están abandonados. Por mantener un hilo con personas que tristemente ya no están. Por mantener recuerdos que no viven en el monte, sino en sus cabezas.

Demos una oportunidad al monte y hagamos que nuestros ancestros se sientan orgullosos de la tierra que les vio nacer y nos dejaron en herencia. Entre todos podemos ser capaces de dar una nueva oportunidad de vida a una tierra que sigue viva, pero que poco a poco se nos muere de soledad.

Fernando Redondo Berdugo, presidente de la Asociación Forestal de Segovia.