Enrique Gómez – Alegría ajena

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M i segundo equipo juega en Anfield. Poco después de hacerme del Atleti, decidí ser del Liverpool. La culpa es de mi hermano y de mi primo (vivía en la puerta de al lado), que me ponían discos de los Beatles y los asocié al equipo. En realidad, Mc Cartney es fan del Everton (el otro club de la ciudad y, por tanto, rival antropológico, con lo que ello conlleva) y Ringo Starr, del Arsenal. A Lennon y Harrison, el fútbol les interesaba entre nada y muy poco. Eso sí, en la portada del mítico Sgt. Pepper, al único futbolista que incluyeron fue al delantero del Liverpool, Albert Stubbins; y porque tenían que incluir a personajes representantes de cualquier sector, que si no… Luego los Beatles, muy futboleros, no parecían. Pero como en aquella época no existía Internet y la información no circulaba con la facilidad que ahora, yo los asocié al Liverpool y me hice de este equipo.

Por eso, precisamente, me alegró la, para mí, imprevisible remontada del otro día ante el Barça, tanto como en el año 81 la Copa de Europa en la final ante el Madrid. Esto no quiere decir que me alegrara por el mal ajeno de culés y merengues, cada uno en su momento. Incluso, me produce cierta decepción por las personas de bien a mi lado que, equivocadamente, decidieron ser del Madrid o del Barça. Allá ellos.

Eso sí, detecté por ‘guachap’ mucha guasa mediada la debacle barcelonista del otro día. Inmediatamente a la consumación del resultado, me llovieron los mensajes de la acera madridista, principalmente, y se prologaron hasta el día siguiente. Hubo algo de guasa insana, que no mola nada. Alegrarse con el mal ajeno denota cierta insatisfacción propia (vete tú a saber con qué), directamente proporcional una y otra: cuanto más te alegres, mayor grado de insatisfacción personal.

Pero, sobre todo, hubo mensajes francamente divertidos; especialmente un texto plagado con dígitos 4 y 0, el primero sustituyendo a las aes y el segundo, a las oes. Alguno, incluso, intuyó erróneamente mi decepción por el resultado, conociendo mi moderada condición colchonera, pero desconociendo mi tendencia liverpolita.
El día 1 de junio es mi cumpleaños y espero que el Liverpool me regale una vez más lo que aún no ha podido ofrecerme mi Atleti, que tampoco es tanto.