Emilio Montero Herrero – Vaya usted a saber

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Hace ahora 504 años, en 1513, Nicolás Maquiavelo, en su célebre tratado político “El Príncipe”, hacia las siguientes observaciones: “Cuando los males se prevén con antelación es fácil ponerles remedio, pero si se espera hasta que están cerca, la medicina ya no surte efecto, porque la enfermedad se ha vuelto incurable”. “Los problemas que nacen se pueden solucionar rápidamente cuando se perciben a tiempo (un don que solo tienen los prudentes), pero si, por no haberlos advertido a tiempo, se los deja crecer hasta que todos los conocen, ya no tiene remedio”.

Estas observaciones son hoy perfectamente aplicables. Ahí tenemos los nacionalismos que campan sin rubor y cada vez con más fuerza por España. Han avanzado sin oposición porque han tenido frente a sí unos partidos nacionales sometidos siempre a la lógica electoral de los pactos necesarios de gobierno. No marcan una distancia real con los nacionalistas porque en el fondo piensan que en el futuro les necesitarán de cara a posibles acuerdos de gobierno. Una dinámica de cautividad que después de las elecciones del 28 de abril comprobamos que no están dispuestos a romper. Este sometimiento continuo a las diversas coyunturas políticas ha permitido que el objetivo romántico de una posible independencia se convierta en un desafío real, cumpliéndose las advertencias de Maquiavelo.

Sin embargo, a pesar de la grave enfermedad que padecemos, acabamos de recibir una buena noticia y es que por primera vez desde octubre de 2017, cuando se celebró el referéndum ilegal del 1-O, los ciudadanos contrarios a la independencia de Cataluña superan a los favorables a la secesión, situándose según el CIS catalán en el 48,6% frente a un 47,2%. Se trata de un empate técnico pero también la demostración de un cambio de tendencia entre los ciudadanos.

Supongo que esto es debido, entre otras muchas cosas, a que los catalanes empiezan a estar hasta las narices de que sólo se hable del procés, de la república y de los políticos presos, mientras la ocupación hotelera en Cataluña se situó en el 75% en la Semana Santa, en tanto que en el resto de esa España opresora y terrible estuvo cinco puntos por encima, en torno al 80%. Supongo que ven las cifras de los dineros que invierten los anunciantes y observan que la inversión publicitaria creció un 2% el año pasado, pero que en Cataluña cayó un 7,3%. No sé, o es posible que los catalanes hayan visto como la planta de automóviles Nissan de la zona franca de Barcelona va a despedir a 600 personas, o también que les parezca mal que el presidente títere Torra se dedique a viajar prácticamente todas las semanas a Waterloo a costa del erario público para despachar con Puigdemont, el auténtico presidente en el exilio, para hablar única y exclusivamente de una república que no existe, mientras que la inversión extranjera en Cataluña cayera un 11,7% y en Madrid haya subido un 125%. No sé, alomejor eso influye en que la gente esté harta del tema de la independencia, la república los lazos amarillos y esas mandangas. Vaya usted a saber.

Lo que sí que sabemos con seguridad es la necesaria demanda social y ciudadana de protección de nuestra unidad que la lógica política debe entender y defender como un límite claro de nuestra propia definición como país. España no se hace y deshace según el interés egoísta de unos pocos. Para este tema contamos todos. Es evidente que la acción política no sólo es necesaria, es imprescindible.

Hay una realidad que no se publica pero que es real: los logros de nuestros deportistas a lo largo y ancho del mundo, el hecho de que España sea uno de los países que más aporta al desarrollo y más solidarios ante las catástrofes naturales, la potencialidad del talento español y su excelencia reconocidos en multitud de ámbitos desde la investigación hasta el liderazgo en la creación de nuevas empresas, nuestro carácter abierto y optimista… Son muestras de lo mucho y bueno que somos y tenemos.

España es sin duda un valor de futuro, pero los españoles tenemos que trabajar para que así lo sea. Pocos son los países que cuenten en su haber con un patrimonio histórico comparable, ya sea cultural, religioso o humano, o con una participación tan activa en la historia.

Si con la propaganda masiva y con todos los medios de la administración autonómica en contra, se ha activado a una mayoría silenciosa en Cataluña que no comparte la visión de la independencia, esto es una realidad extraordinariamente positiva. Sólo necesitamos hacer que esta realidad siga emergiendo.

Frente a las mentiras de los nacionalismos, y cuando hay tanto escepticismo y decepción entre los ciudadanos también por el ambiente de corrupción, los españoles debemos tener la firme convicción de que España tiene por delante un apasionado proyecto de futuro por el que debemos seguir trabajando.