Publicidad

En semanas anteriores he desarrollado las dificultades que, según mi experiencia, nos encontramos en el trabajo de base con el jugador de fútbol sala.

A modo de resumen, no existe un problema puntual, sino que todos los protagonistas del proceso formativo tenemos mucha responsabilidad y, de todos depende que esto mejore.
Nuestro deporte, especialmente en las primeras etapas, debe tener muchas características de un juego. Por ello, el protagonista siempre debe ser el jugador. Desgraciadamente su nivel de sacrificio, esfuerzo y especialmente de compromiso está tan perdido últimamente que apenas tiene sitio en la bolsa de deporte y ahí se queda, colgado en la percha del vestuario, cuando sale a la cancha a entrenar.

Los entrenadores. Permítanme insistir en lo que les expuse en la anterior columna: somos peores entrenadores a pesar de contar con más medios y mejor acceso a una mayor información. Algo completamente contradictorio, pero que podemos entender cuando buscamos ganar partidos por encima de formar, y no nos importa recurrir a cualquier estrategia para acceder al puesto de un colega de profesión. Sin duda, un lastre demasiado pesado para evolucionar.
Los clubes. Vaya de antemano mi respeto a los que dedican su tiempo para que los niños puedan practicar deporte, pero en demasiadas ocasiones se considera el trabajo con la cantera como un producto que vender y que queda muy bonito en las fotos. Formar y educar jugadores, ya sea como un objetivo de sacar jugadores para un equipo referencia o, simplemente realizando una labor social (ambas iniciativas igual de válidas y admirables) requiere de profesionales que coordinen esa labor. La buena predisposición de voluntarios puede complementar ese proyecto pero, sólo con ellos, la mesa queda coja.

Federación. Desgraciadamente, la visión que se tiene desde fuera es la de un órgano que está para recaudar dinero, regular las competiciones y que en los últimos tiempos aparece con demasiada frecuencia en los medios por noticias menos deportivas de lo que desearíamos. Creo que es necesario un acercamiento, bajar desde la cúspide de la pirámide y empatizar con los que, día a día, trabajan con pasión por este deporte, independientemente de la categoría en la que desarrollan su labor. Al fin y al cabo, su existencia tiene sentido porque muchos niños y niñas quieren jugar con un balón y no al revés.

Padres, madres y tutores. Disculpen pero son demasiado importantes como para dedicarles sólo unas líneas. Un mensaje hacia ellos muy simple. Animen y apoyen sin proyectar en sus hijos aquellos sueños que desearon para ustedes mismos.