Publicidad

El fútbol sala ha vivido una semana de repercusión a nivel internacional porque un doble enfrentamiento España-Brasil es algo a lo que no estamos acostumbrados. Un desafío en toda regla, un choque de estilos, de ideas, de calidad… pero por enésima vez (y con mayor o menor razón) vuelven a ser más noticia, especialmente en las redes sociales, los comentarios extradeportivos que el verdadero espectáculo sobre la cancha.

Reconozco que he leído opiniones muy interesantes, más allá de amistades y de diferentes modos de pensar, y es duro llegar a la triste conclusión que confirma el cisma que durante décadas gobierna este deporte.

No voy a expresar mi opinión al respecto. Algunos pensarán que por miedo. Los que me conocen saben que no es el caso. ¿Qué miedo puede tener alguien que vive en un limbo profesional? Defenestrado y vetado en un bando y enviado al rincón de apestados por haber estado en el otro.

Podemos seguir con la venda puesta o seguir viendo una realidad que no corresponde con la que es. Porque si así está al más alto nivel, imaginen ustedes cómo estará el fútbol sala de andar por casa.

Han sido cerca de 30 años entrenando, pero ya no puedo más. Ha llegado el momento de quitarse el lastre que ha supuesto durante todo este tiempo y que me ha costado hasta la salud. Desconozco si será un punto final o solo un punto seguido. Les doy mi palabra que ahora mismo esa es la menor de mis preocupaciones. Soy afortunado de haber estudiado la carrera de maestro y la de entrenador, ambas con un marcado carácter vocacional y estoy muy orgulloso de haberlo hecho.

He cometido mil errores y de todos he sacado siempre lecciones para aplicar después. Pero por dignidad, porque no quiero ser cómplice de lo que se está convirtiendo mi deporte, me bajo en la siguiente estación. No se puede compartir deporte con dirigentes que creen que están por encima del bien y del mal incumpliendo sus compromisos económicos. ¿Qué pensaría o cómo actuaría cualquier aficionado si en su puesto de trabajo dejaran de pagarle? ¿Pondría la otra mejilla? Me gustaría saber cómo se sentiría cualquier empresa si ve que el dinero que emplea de patrocinio no llega a sus protagonistas ¿Qué grado de responsabilidad tienen las instituciones que son conocedoras del tema? ¿Cómo puede un entrenador pedir respeto a su trabajo mientras boicotea el de un compañero?

Demasiados interrogantes como para seguir. Ahí se lo dejo. Se lo regalo. ¿Volver? Nunca lo dejaré porque creo en el proyecto por el que se está dejando la piel Diego Palomo en Valverde, en formarme y seguir formando, y en nuestro pequeño sueño StopGol. ¿Lo demás?, escucharé mientras miro a los ojos para evitar que sigan mintiéndome. Toca empezar de cero. Gracias y hasta siempre.