Ángel Galindo García – No hay un partido católico

217

Es normal ver que los partidos basados en ideologías no buscan resolver los problemas de los ciudadanos sino someter la vida social a sus ideas. Sin embargo, los partidos basados en un humanismo racional y técnico buscan la solución de los problemas sociales. Aunque en ambos casos existe bastante egocentrismo. Pero, según suele decirse, es lo que hay.

En este ámbito, en España, unos y otros siempre han estado detrás de la Iglesia o, como dicen, de los curas: unos con una vela y otros con una pistola. Desde esta situación, a veces los cristianos por miedo o por interés religioso acostumbran seguir a unos y huir de otros.

Pero mira por cuanto, hace unas semanas el papa Francisco recuerda: “no hay un partido católico”. Y lo razona desde las diversas opciones que existen para resolver los problemas de la gente. Dijo su santidad: “Los católicos sabemos bien que en las situaciones concretas, y teniendo en cuenta las solidaridades que cada uno vive, es necesario reconocer una legítima variedad de opciones posibles. Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes”. Es decir, un cristiano puede militar en un partido para hacer el bien y otros en otro partido diferente.

En la primera semana de marzo, el papa Francisco pronunció un discurso de una importancia fundamental para la Iglesia y para el futuro de Europa y América Latina. Al reunirse con un grupo de personas jóvenes de América Latina, el Papa señaló, con la mayor claridad posible: “no va más el partido católico”. Por eso, “los invito a que vivan su fe con gran libertad. Sin creer jamás que existe una única forma de compromiso político para los católicos. Un partido católico”.

Quizá fue ésta una primera intuición en el despertar de la doctrina social de la Iglesia en el siglo XIX que con el pasar de los años se fue ajustando a lo que realmente tiene que ser la vocación del político cristiano hoy día en la sociedad. No va más el partido católico.

En política es mejor tener una polifonía inspirada en una misma fe y construida con múltiples sonidos e instrumentos, que una aburrida melodía monocorde aparentemente correcta pero homogeneizadora y neutralizante. A quienes con Franco denunciaban nuestras homilías porque eran contrarias al régimen, mientras algunos políticos de izquierda actuales vivían cómodamente a su sombra, tenemos que decir “no a un partido católico y no a un partido confesional”.

El mensaje no es nuevo. Ya León XIII y sus sucesores advirtieron desde finales del siglo XIX acerca de los riesgos de apostarse a partidos que se digan a sí mismos “católicos”. El experimento que ocurrió en España con la democracia cristiana en los primeros años de la transición con la izquierda democrática de Ruiz Jiménez no fue en modo alguno alentador. Todo lo contrario. Los dirigentes rápidamente se convirtieron en víctimas o fueron asimilados por la izquierda (socialismo cristiano) o por la derecha (los propagandistas) hasta que Zapatero y Rajoy los echaran respectivamente de su partido.

No en balde, a muchos nos preocupa la manera en que, en la actualidad, en Polonia, Hungría, Cataluña y otras regiones de Europa hay una nostalgia por los gobiernos autoritarios que ahora ya no apelan a las teorías de Marx y Engels, sino que apelan a un maridaje entre nacionalismo, racismo, etnocentrismo y las identidades religiosas.

En Estados Unidos vemos cosas semejantes, sobre todo en el caso del Partido Republicano, que ha pasado de ser un partido en el que cabían distintas formas de conservadurismo, a ser un partido dominado por los pastores protestantes que han jurado lealtad a Trump a pesar de todas las cosas que hace y que contradicen todo lo que el cristianismo es. Algo similar ocurre en Brasil con Bolsonaro y sus incondicionales.

En España sería bueno que reconociéramos que no estamos exentos de riesgos. La virtual explosión del sistema de partidos en la década de los ochenta nos hace especialmente vulnerables al surgimiento de partidos que quieran resolverlo todo invocando a la Biblia o la declaración de los derechos humanos (15M) o algún otro libro religioso, musulmán o hebreo. Hagámosle caso al Papa: “el partido católico(o de alguna otra denominación religiosa) no va”.