Ángel Galindo García – Culto a Satán y sectas satánicas I

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Con ocasión del culto turístico que se va a dar al diablo en Segovia conviene ir recordando qué existe tras la figura de Satán. El satanismo consta de un número de creencias relacionadas y de fenómenos sociales. Comparten las características simbólicas, que incluye la veneración y admiración por el príncipe del Mal.

Se cree que Satán apareció por primera vez en la Biblia Hebrea, donde era un ángel que desafiaba la fe de los humanos y la religión. En el Libro de Job se le denominaba ‘el Satán’ (que significa “el acusador” o “contra de, enemigo de”) y actuaba como el delator en el tribunal de Dios. También fue descrito como el enemigo cósmico del hombre y el tentador de Jesús.

Su imagen se desarrolló de forma extensa en obras como el Libro de la Revelación. Las religiones inspiradas por estos textos (judíos, cristianos y musulmanes) consideran a Satán tradicionalmente como un adversario o un enemigo. Un ejemplo es la tradición musulmana de apedrear al diablo cuando circunvalan la piedra negra.

La figura de Satán fue tratada de manera diversa, especialmente por los cristianos y musulmanes, como un competidor rebelde o celoso de los seres humanos, y caracterizado como un ángel caído o demonio dominando el infierno.

Particularmente después de la Ilustración Europea, algunas obras, tales como El paraíso perdido, fueron tomadas por los románticos y descritas como la presentación del Satán Bíblico: se trata de una alegoría que representa la crisis de fe, el individualismo, el libre albedrío, la sabiduría y el progresismo.

La religión satánica comenzó en 1966 con la fundación de la Iglesia de Satán. En algunos casos se convirtieron en sectas cuyo culto lleva hasta el colmo de sacrificar a personas vivientes en el altar de sacrificios. Los grupos modernos satánicos (aquellos que aparecieron después de los sesenta) son muy diversos, pero hay dos tendencias muy importantes que se pueden ver como satanismo tradicional o teísta y satanismo ateo. Los satánicos teístas veneran a Satán como un dios sobrenatural (¿acaso será segodeus?). Por el contrario, los satánicos ateos veneran a Satán simplemente como un símbolo de los rasgos de los seres humanos.

Esta categorización del satanismo no ha sido adoptada necesariamente por los satánicos en sí, quienes generalmente no especificarían a qué tipo de satánicos están adheridos. Algunos satánicos creen en Dios en el sentido de Fuerza Motriz, pero al igual que los satánicos ateos, todavía se adoran a sí mismos.

El satanismo teísta (también conocido como “satanismo espiritual” o “satanismo tradicional”) es la adoración o veneración a Satán como a un dios. Comprende varios puntos de vista y puede incluir una creencia en la magia que es manipulada a través de un ritual. Los satánicos tradicionales a menudo encontrarán la inspiración en las fuentes antiguas.

Suele ser el término con que se designa a aquellas formas de satanismo que tienen creencias sobrenaturales y realizan una adoración del diablo y de demonios de forma literal, entendiendo a estas entidades como seres y espíritus reales que existen objetivamente.

Las prácticas religiosas y cultos al Diablo datan desde tiempos muy antiguos. Son de difícil demostración histórica, ya que en épocas oscurantistas cualquier práctica considerada herética o pagana era clasificada, equivocadamente, como satánica (es el caso de la persecución de la Iglesia a los templarios).

El satanismo simbólico (también denominado “satanismo moderno”) es la práctica de las creencias religiosas, la filosofía y las costumbres satánicas. En esta interpretación del satanismo, el satánico no rinde culto a Satán en sentido teísta, sino que es contrario a todo credo espiritual, y defiende el hedonismo, el materialismo, el individualismo, la apoteosis y el antiteísmo.

La preponderancia ampliamente extendida de estos grupos en las culturas europeas está en parte relacionada con la importancia y el significado de Satán en la cristiandad. Al observar el desarrollo histórico del fenómeno del satanismo, parece evidente que, mientras los ejemplos de los primeros cristianos podían reflejar los triunfos de la Iglesia Católica en la superación de paganos y herejes, en los ejemplos más tardíos expresan clara y abiertamente el odio, hasta el punto del sacrilegio y la blasfemia en algunos casos, hacia la cristiandad y hacia la Iglesia católica en particular.