Sergio Plaza Cerezo – Última replica a José Luis Salcedo

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Señora directora:

Concedo que no resulte habitual hacer réplicas a obituarios, casi siempre asépticos y hagiográficos, si bien el artículo de José Luis Salcedo sobre el señor Eleuterio Laguna no encaja en dicho género periodístico. Mi única finalidad ha consistido en refutar unas afirmaciones inciertas. Objetivo cumplido: el ingeniero ya no niega que la paternidad del antiguo proyecto de aparcamiento entre la calle Gascos y Vía Roma corresponde a mi abuelo Santos Cerezo.

El señor Salcedo ha utilizado la lupa para atacar mi escrito casi línea por línea. Seguiré escribiendo “Leviathan”, título original del libro de Thomas Hobbes. A partir de dicho clásico de la Historia del Pensamiento, se utiliza de forma recurrente dicha metáfora referida al poder omnímodo del Estado. Recomiendo una película rusa reciente (2014) con dicho título. La indefensión de un honrado ciudadano ante las autoridades en una pequeña ciudad de provincias articula la trama.

Salcedo también critica mi utilización del término “flaneur”. En realidad, carecemos de una traducción directa al español. El “flaneur” no es un “paseante” a secas. Se trata de un paseante sin rumbo fijo, devenido en espectador urbano, que intenta de captar el alma de la ciudad. Un auténtico viaje interior e iniciático, que va mucho más allá del simple paseo.

En realidad, la utilización de este término en español ha crecido de forma exponencial, multiplicándose los reportajes periodísticos sobre dicha temática. En dicho contexto, un número creciente de lectores de la prensa nacional está familiarizado con esta palabra. Además, en un país cuyo idioma ya casi puede ser considerado “spanglish”, sean bienvenidos los galicismos de alcurnia.

Según Salcedo, presumo de titulaciones académicas. Me han dolido estas palabras, puesto que me limito a firmar mis escritos con la mención añadida de mi condición profesional –algo habitual en la prensa española e internacional-.

Empiezo a dudar acerca de si el señor Salcedo no se llamará en realidad Narciso. No entiendo las comparaciones vertidas, que no vienen a cuento. Afirma de forma categórica que sus titulaciones académicas superan a las mías; y de la misma forma, conoce Segovia mejor que yo. Me parece genial. Respeto su edad, traducida en experiencia.

Yo solo compito conmigo mismo. Soy autocrítico y tengo la capacidad de dudar. A partir de un cierto grado de madurez, trato de desprenderme de cualquier atisbo de vanidad. He perdido más de lo que he ganado. Y, por cierto, cuánto más ejerzo la docencia, menos creo en los títulos académicos.

Cuando era muy joven, me tomaba demasiado en serio los estudios. Y conseguí el Premio Extraordinario de licenciatura correspondiente a la promoción más numerosa en la historia de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid. Comparto dicho galardón con personalidades como Miguel Boyer o Isidoro Alvarez. Posteriormente, ya era doctor con veintiséis años. ¿Y qué más da?

Confieso que he viajado. Ese es mi máximo motivo de orgullo. He callejeado por Tokio, Buenos Aires, Ciudad de El Cabo, Sidney, Hanoi o Delhi, tratando de desentrañar el alma de tantas metrópolis de un mundo ancho pero no ajeno. Haber visitado ciudades patrimonio de la Humanidad como Hoian, Malaca, Zanzibar, Antigua o Luang Prabang me permite comprender mejor la Segovia del siglo XXI. Y lugares como Portobelo, Tetiaroa, Aitutaki o Pokhara me enriquecieron con el aroma de los libros de aventuras.

Como epílogo, sería un placer tomar un café con el señor Salcedo y conversar sobre la Segovia que no conocí. ¿Por qué no?

SERGIO PLAZA CEREZO, Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid