Respuesta a una carta abierta de Sergio Plaza Cerezo

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Señora directora:

El día 9/8/2019 don Sergio Plaza Cerezo replica a un obituario de mi autoría sobre el finado el que fue mi buen amigo Eleuterio Laguna Martín “El Lute”. Observo, tristemente, que su pasión por el amor a su abuelo y que los acontecimientos añejos que le pudieran afectar no se produjeron a su gusto, le obnubila su mente, expresándose con una parcialidad morbosa.

Todo lo que digo en el obituario es sencillamente toda la vedad y nada más que la verdad. Que la idea primigenia de construir un aparcamiento en la huerta de su querido abuelo es posible que saliera de su mismo abuelo, no lo pongo en duda, pero esos señores, que usted no quiere nombrar, a mí no me lo comunicaron, presentándose con que la idea era de ellos. Y así nos presentamos al alcalde de turno que era Luciano Sánchez Reus.

El obituario, como todos los obituarios, están escritos con la mejor voluntad y el cariño que se tiene por el finado.

Digo que los méritos hosteleros del “Lute” son de todos conocidos por lo que no voy a hablar de ellos, aunque los cito de pasada. He preferido resaltar los méritos del Lute en este aspecto, ensalzando su segovianismo ya que sin llevarse a efecto el anteproyecto, fue costeado por Eleuterio, con gran generosidad por su parte.

Si está dolido a estas alturas por los atropellos que la administración propició a su querido abuelo, consuélese a estas alturas, ya que desgraciadamente todos les hemos sufrido.
Siento decirle que en su escrito desbarra innecesariamente citando a ciertos personajes que no tienen nada que ver con el asunto y a un tal “Leviatán” (sin h intercalada) que la verdad sea dicha no sé a qué viene ese exabrupto, citando a un monstruo marino.

Por último me dice que no parece que yo haya ejercido de flaneur (galicismo innecesario desconocido por la generalidad) que significa paseante. Por edad y por amor a mi terruño, le aseguro que conozco mucho mejor Segovia que usted. Tengo que decirle que su abuelo don Santos Cerezo, fue el lechero de mis padres y entre semana la leche la servía un repartidor a domicilio, pero los domingos era yo el encargado de ir a por ella, primero en la vaquería que tuvo en los primeros números de la calle Gascos y después al edificio nuevo en la finca que vendió en 1989. Faltaban muchos años para que naciera usted cuando yo estaba todos los domingos con su abuelo.

No dudo de su profesionalidad como profesor de la cual justamente presume, pero yo no soy ni escritor, ni siquiera escribidor (como usted con ironía escribe), ya que mis títulos académicos superan con creces los que usted exhibe y que no voy a citar.

Muchas gracias por su atención y un saludo a Sergio.

José Luis Salcedo Luengo