Pablo Martín Cantalejo – ¿Y qué pasará?

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Estamos a cinco días de meternos de lleno en unos nuevos comicios, en esta ocasión para elegir a quienes van a “gobernarnos” más de cerca, es decir a los que se verá la cara con más facilidad y más frecuencia. Pero para llegar a eso todavía quedan unas cuantas fechas en las que los aspirantes respectivos seguirán esforzándose en convencer a los ciudadanos de que ellos son los que lo van a hacer mejor. Esfuerzos, indudablemente, de los que van a quedar agotados, porque los discursos, las declaraciones, la tensión, el ir de acá para allá, siempre supone un notable desgaste físico. Que no creo que se termine con el “día de reflexión”, porque después habrá que iniciar una tarea que para muchos será completamente nueva.

Por cierto que hablo de cansancio y es seguro que mucho lo padecerían los cinco aspirantes a la alcaldía por estar a pie firme durante el debate en la televisión local. Aunque parece que esa es una costumbre habitual, no creo que se hubiera perdido nada por estar todos sentados ante una mesa redonda, lo que les serviría para estar más relajados y manejar mejor sus papeles con notas, cosa incómoda estando de pie y con una mesita baja delante, que obligaba a “doblar el espinazo” de vez en vez. Pero, en fin, esto es simplemente una opinión personal, que no contará para nada.

En medio de los rifirrafes naturales, me vino a la mente un comentario del hispanista Ian Gibson que haciendo referencia a su último libro sobre Antonio Machado, ahora tan traído y llevado en nuestra ciudad, comenta: “Machado no estaría nada contento si viera hoy a los políticos españoles, todo el día a la greña. Parece que se ha perdido la capacidad de dialogar sin odio”.

Si somos realistas, debemos considerar que toda la provincia, y en concreto la ciudad, tienen muchas necesidades en todos los órdenes, necesidades que llevarán consigo esa otra necesidad, imperiosa, de contar con recursos monetarios suficientes, cosa que no es fácil conseguir, aunque enseguida pensarán los nuevos dirigentes en buscar en los ciudadanos, mediante impuestos, la ayuda económica precisa. Claro que cabe pensar que en muchas ocasiones y para resolver bastantes problemas no haría falta mucho dinero, sino más bien una buena dosis de trabajo y gestión y habilidad e intuición para sacar adelante cada caso con el menor coste posible.

Aunque, si lo pensamos bien, esto se dice aquí muy pronto. Luego, la realidad puede ser otra.

Por lo tanto, a estas alturas hay que plantearse el título de este comentario, “¿Y qué pasará?”. Primero, qué pasará con los resultados salidos de las urnas, y después, qué pasara con la supuesta buena disposición a trabajar de los elegidos. Para nadie es un secreto que capital y provincia tienen muchas necesidades, necesidades de todo tipo y en todos los órdenes: Trabajo, cultura, deporte, urbanismo, turismo, comunicaciones, agricultura, movilidad, vivienda, accesibilidad, tráfico, etc. etc. Solo esta enumeración es para asustar a cualquiera, por lo que los nuevos dirigentes deberán pensar desde ya en sus próximas y grandes responsabilidades, que partirán desde una fervorosa entrega al trabajo, una honradez sin límites y un alto deseo de conseguir para toda la provincia todo lo mejor.

Dentro de cinco días, pues, habrá que decir eso de que “la suerte está echada” y ya no hay vuelta de hoja. Todos a trabajar y, por supuesto, los ciudadanos de cada localidad, a tratar de ayudar lo mejor posible a que las buenas intenciones que se suponen en todos los elegidos, resulten realmente fructíferas.

Aunque, como es lógico, no faltarán opiniones contradictorias a lo largo de toda la nueva legislatura.