Pablo Martín Cantalejo – La cartela del Acueducto

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Mucho se ha estudiado, se ha escrito y se ha reflexionado durante años sobre las inscripciones que se supone figuraron en el sotabanco de nuestro Acueducto. En varias ocasiones se han acercado a él destacados estudiosos del tema, hasta llegarse a la conclusión de que, por el momento (el tema nunca está cerrado a más investigaciones), los estudios más acertados y más fieles en consonancia con los no muy numerosos restos y señales que se mantienen en nuestro monumento, son los llevados a cabo por el reconocido mundialmente experto en estas materias, el húngaro Géza Alföldy, y contenidos en el libro que se publicó (en versión castellana de Jorge Maier y Thomas G. Schattner) el pasado 2010, bajo auspicio de la Asociación de Amigos del Instituto Arqueológico Alemán en Madrid y la tan recordada Obra Social y Cultural de Caja Segovia.

Hago referencia a este libro porque tengo entre manos la lectura de “Diálogo de la lengua”, de Juan de Valdés (¿1490-1498?/ 1541), en el que, como es sabido, Valdés dialoga supuestamente con tres italianos que le hacen continuas preguntas sobre la forma de escribir cientos de palabras en castellano, dudas a la que responde el autor en consonancia con sus conocimientos y las reglas seguidas entonces en nuestro idioma. Precisamente en algunas ocasiones le mencionan las normas del humanista Antonio de Nebrija (1441-1492) sobre reglas de escritura, en su “Gramática sobre la lengua castellana”, pero Valdés no tiene en mucho aprecio sus opiniones alegando que era andaluz y en su tierra no se habla muy correctamente el castellano.

Traigo a colación este libro porque en él, en el curso de su séptimo capítulo, Juan de Valdés escribe el siguiente párrafo: “Como será decir que el conduto de agua que stá en Segovia, que llaman Puente, fue hecho por Hispán, sobrino de Hércoles, aviéndolo hecho los romanos, como consta por algunas letras que el día de oy en ella se ven.”

Juan de Valdés escribió “Diálogo de la lengua”, según sus estudiosos, probablemente a fines del año 1535, por lo que se muestra que en dicho año, al parecer, aún había en la cartela del Acueducto, si no toda, al menos parte de su primitiva inscripción, atendiendo a la afirmación de Valdés.

En su mencionado libro, el investigador húngaro hace alusión a una interpretación de la inscripción que el ingeniero Aurelio Ramírez Gallardo hizo en su libro “Supervivencia de una obra hidráulica: El Acueducto de Segovia”, producto de su experiencia al frente de las obras de restauración efectuadas en 1975, y asimismo se refiere a otra interpretación dada a la supuesta inscripción por el notable especialista en epigrafía latina, el profesor Antonio Blanco Freijeiro, que fue director del Symposium Internacional de Arqueología Romana celebrado en nuestra ciudad entre el 29 de agosto y el 1 de septiembre de 1974. Días después de terminado el congreso, recibí una llamada del entonces director general de Bellas Artes, Joaquín Pérez Villanueva, anterior gobernador civil en esta provincia, pidiéndome que acudiera a su despacho en Madrid para darme una importante noticia. Esta era el contenido de la cartela del Acueducto según las investigaciones del profesor Blanco Freijeiro, y con todos los datos facilitados publiqué en este periódico, el 25 de septiembre del citado 1974, un amplio informe que ocupaba la última página. Pero no terminó ahí el caso porque tiempo después, exactamente un año más tarde, el 14 de octubre de 1975, pude ampliar a las dos páginas centrales la información, con el título “IMP. NERVA. CAESA” (Imperator Nerva César), una vez que tuve en mis manos el informe completo del profesor Freijeiro, con un total de 16 páginas, copia que conservo en mi archivo. Se aclaraba que esa leyenda pudiera ser la inscripción que contuvo la cartela en sus cinco primeros sillares.

Precisamente en la página 3 de su informe, el profesor Freijeiro ya hacía alusión a la frase de Juan de Valdés que anteriormente he citado, lamentando que no hubiera sido más explícito diciendo que si había visto letras, “no dijera si eran las de bronce originales o las improntas de las mismas”.