Pablo Martín Cantalejo – Fray Ignacio de Madrid

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Se acaba de editar un libro bajo el título “Fr. Ignacio de Madrid, OSH (1924-2017)”, cuyo contenido, escrito por familiares y amigos, rememora diversos aspectos de la figura, la obra y la espiritualidad de quien llegó al Monasterio de El Parral apenas cumplidos los 17 años, en 1941.

Conocí a Fray Ignacio allá por los años 1957 ó 58 con ocasión de haber ido al cenobio con el objeto de publicar en este diario un reportaje sobre la situación terriblemente calamitosa en que entonces se encontraban prácticamente todas las dependencias. Guiado por Fray Ignacio, que dirigía la marcha con sus grandes zancadas y la exquisita amabilidad de que siempre hizo gala, además de por el enorme entusiasmo que le embargaba ante la tarea de tratar de recuperar el monasterio, recuerdo haberme impresionado la gran humedad que embargaba todas las capilla del templo, del que fue preciso retirar la imagen de Nuestra Señora de El Parral para preservarla, y donde aparecían levantadas varias losas del pavimento que dejaban a la vista un canalillo de agua corriente que desde el presbiterio, y en sentido longitudinal, atravesaba el templo hasta ocultarse junto a la puerta de acceso. Y como continuación de este desolado aspecto, el abandono en que se encontraban los claustros e incluso las celdas; en la que ocupaba Fray Ignacio, una considerable abertura en el muro que mira hacia el río Eresma dejaba penetrar la luz; un pequeño camastro, una rústica mesa y una silla similar era prácticamente el contenido del mobiliario.

Me contaba durante la visita los viajes frecuentes que hacía a Madrid, al objeto de conseguir algunas ayudas para poder iniciar la restauración del histórico monasterio, esfuerzo incansable que poco a poco, por fortuna, fue dando fruto, aunque lento al principio pero con mayor fuerza desde que intervino el Ministerio de Educación, al que pertenece desde hace años.

Serían por aquellos tiempos unos quince los monjes que habitaban, de los que, a medida que se consolidaba la Orden, fueron marchando hacia los nuevos monasterios jerónimos abiertos, a partir de 1962, que años después quedaron reducidos a los de Yuste, en la localidad extremeña de Cuacos, y al nuestro de El Parral. En ambos, y con periodos alternativos, fue prior Fray Ignacio, pero tanto desde uno como del otro, nunca perdió su infatigable espíritu emprendedor en busca del mejor mantenimiento de loas cenobios, hasta que quedó como último residuo el de Segovia, en el que falleció el monje en junio del 2017.

Su también infatigable trabajo en el ámbito de la investigación se vio reconocido en 1975 con su nombramiento como presidente de la Sociedad Española de Estudios Monásticos, sustituyendo a Fray Justo Pérez de Urbel. Cabe destacar que Fray Ignacio trabajó asimismo de forma ejemplar para organizar los actos, que se celebraron en El Parral, del V Centenario de la Orden de San Jerónimo, en octubre de 1973, con asistencia al solemne acto celebrado el día 14 del entonces cardenal Vicente Enrique y Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal Española, junto a 40 sacerdotes y abades de distintos monasterios.

Con motivo de esta conmemoración, Fray Ignacio promovió la publicación de “Stvdia Hieronymiana”, con dos tomos y un total de 1000 páginas, cuyo obsequio guardo con el siempre recuerdo del muy querido religioso. En estos dos tomos se incluyeron colaboraciones del propio Fray Ignacio, del marqués de Lozoya, de Carlos Romero de Lecea y de Manuela Villalpando y María Dolores Díaz-Miguel. Asimismo se entregó con ellos un facsímil de la Bula Fundacional de la Orden de San Jerónimo, fechada en el año 1373.

Ahí están, pues, producto de estos trabajos, las instalaciones del monasterio, hoy sensiblemente mejoradas y atendidas por un muy reducido número de monjes, la mayoría de edad avanzada, así como la carpintería conformada como espacio especial para el trabajo de los religiosos, una de las obligaciones impuestas por los estatutos de la Orden, carpintería que sigue siendo famosa en España, aunque hoy en manos privadas y en otras instalaciones, pero que mantiene el sello y el nombre de su lugar de creación.