Miguel Velasco – El intercambiador del parking del Padre Claret

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Seguramente muchos de los lectores habituales de “La calle” recordarán que ya en alguna ocasión hemos hecho alusión a la iniciativa de habilitar un intercambiador de autobuses urbanos en el parking de Padre Claret donde confluirían todas las líneas de San José, La Albuera, Nueva Segovia,etc. con entrada por la boca próxima a la rotonda del cementerio( salida de retorno por la boca más próxima a la Plaza Oriental) y desde el cual se accedería en forma de trasbordo a otro más pequeño para acceder a Colón dando servicio como ahora al casco histórico (en subida y bajada permanente). Con ello se conseguirían varias cosas:

1- Se evitaría la constante circulación de grandes autobuses (en muchos casos prácticamente vacíos) por Padre Claret, Plaza Oriental (confluencia Via Roma), San Juan, San Agustín y Serafín.

2- Se aliviaría de forma notable la colapsada en muchos momentos circulación por esas vías con el consiguiente desgaste del pavimento y de los propios autobuses máxime teniendo en cuenta el difícil y angustioso tránsito dado el pésimo estado de esos viales a pesar del dinero que le viene costando al Ayuntamiento los constantes “apaños” del pavimento. Más ahora cuando inexplicable y torpemente se ha hecho cargo del mantenimiento a su costa de los desperfectos de Padre Claret derivados de una obra mal ejecutada.

3- Al mismo tiempo con ese sistema de “intercambiador” se conseguiría reducir la contaminación que está envenenando a la ciudadanía.

4- Por otra parte se resarciría el Ayuntamiento de las cantidades objeto de litigio que la empresa concesionaria del parking reclama al mismo por diferencias entre los ingresos previstos y lo recaudado realmente por el bolsillo de los usuarios. Cuestión claramente inexplicable por cuanto que, de haber sido al contrario —en todo caso— y la gestión hubiera supuesto superávit viene a ser de sentido común que la adjudicataria no hubiera retornado ni un euro al municipio.

Además, como decíamos, de lo que nos cuesta el susodicho mantenimiento de la calzada de rodadura.

Al tiempo, bueno sería recordar aquello que proponía “La calle” en su día respecto a que algunos autobuses desde los antiguos bomberos incluyesen una hijuela para servicio de subida y bajada al cementerio, que tanto necesitan las personas de cierta edad y limitaciones que acuden con frecuencia a ese santo lugar.

Todo ello —que en principio parecería una utopía—seria realizable a poco que piensen en su viabilidad los mandamases municipales. Estas obras no son más que fruto de pequeños estudios, aunque de grandes propósitos, que contribuirían a una mejor conservación de la ciudad, a una mejor vida de los autobuses, a una menor contaminación y a un mayor bienestar de la ciudadanía.

Evidentemente “La calle” no descubre nada nuevo (ni lo intenta) sino que de lo que trata es de aportar alguna idea que pueda ser útil para el lucimiento de la gobernanza y de aplicación beneficiosa para la ciudadanía. Pero, como siempre, nos consta de antemano que ni será escuchada. Que lo vamos a hacer. Pero por decirlo que no quede. Y que quienes nos sucedan sepan lo que propusimos. He dicho.