Miguel Ángel Herrero – Equilibrios en política

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Siempre impresiona un equilibrista deslizándose sobre un fino cable de acero, a varios metros del suelo. El espectáculo se contempla con un respetuoso silencio y emoción contenida. Sólo al final estalla un fuerte aplauso y el público lanza un suspiro de alivio. Esto no es un deporte de alto riesgo, sino una combinación de audacia y habilidad que requiere notables facultades físicas y mentales. El equilibrio mental es imprescindible para concentrarse y mantener el tipo a la vista del público. No lo digo por experiencia propia, aclaro.

Hay oficios comparables al de los equilibristas, que exigen cualidades morales y mentales poco comunes. Entre ellos pueden incluirse el de los políticos actuales; al menos, el de algunos hombres o mujeres dedicados a este “arte de lo posible”. Igualmente sería cierto llamarlo “arte de lo imposible”, sobre todo en determinadas circunstancias. ¿No es éste, precisamente, el caso de la España actual? Hace poco más de un mes, ¿alguien daba por seguro que en Andalucía sería desalojado un régimen socialista afincado durante casi cuarenta años? El cambio político parecía imposible para los expertos encuestadores y profesionales en el arte de olfatear el futuro. Sin embargo, por arte de magia (o sea, por la magia de las urnas), y por los recientes acuerdos entre PP y Cs, estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo gobierno que acabará con el interminable desmán socialista. Pero aquí no termina la incertidumbre. Ahora puede empezar otra pirueta política “más difícil todavía”, si los dos partidos que han formado el pacto no aceptan plenamente la existencia de Vox. El tercer partido ganador y sorprendente protagonista, que con un triple salto mortal ha comenzado a participar con voz y voto en la política andaluza, con grandes expectativas nacionales. Todo lo cual dibuja un horizonte de impaciente expectación ante las próximas elecciones de mayo. Nadie ignora que desde hace tiempo vivimos en este país una situación de alto riesgo, empeorada con la llegada a la Moncloa del polémico doctor Sánchez, rehén de golpistas y comunistas. Los momentos extraordinarios exigen a veces a los responsables políticos esfuerzos imposibles. Unos están dispuestos a defender el amenazado estado de derecho, otros (y otras) siempre listos a ganar votos cómo sea y a conservar la nómina que no merecen.

Con el vuelco andaluz ha crecido la esperanza de una derecha y centro derecha que consiga atraer una mayoría de gobierno en el resto del país. La nueva política de pactos y acuerdos se impone. Y, sin embargo, no será fácil si prima el espectáculo y falta una visión realista del nuevo escenario. O sea, sin rodeos, el líder de Ciudadanos, hábil dialéctico y brillante orador, desconcierta al electorado con su cambiante posición política de corto y medio plazo. Unas veces escorado a la izquierda y otras a la derecha, tiene la cintura de un surfista que aprovecha todas las olas cualquiera que sea la dirección del viento. Lo cual es una indudable ventaja en ese deporte que se practica en solitario, pero es claramente desaconsejable en política. Por la sencilla razón de que los electores cuando van a escoger la papeleta para votar siempre prefieren orientarse con una brújula, en lugar de hacerlo con una veleta. ¿No ha sido esta la clave del creciente ascenso de Vox? Un ascenso que el mismo Rivera alimenta a su pesar cuando lo equipara a la extrema izquierda podemita. Es decir, a los que atacan a la Corona y combaten al estado de derecho, poniéndose del lado de los golpistas catalanes y vascos. ¿Acaso no defiende Vox lo contrario? Sin las denuncias de Vox, ¿habría actuado el TSJC contra los golpistas que serán juzgados próximamente en Cataluña? ¿Cuántas querellas ha presentado Ciudadanos? allí, donde nació y fue el partido más votado en las últimas elecciones. Rivera desafía a la ley de la gravedad, haciendo equilibrios entre los que defienden el estado de derecho y la unidad de España y los que la combaten. Sus posibles electores contemplan con sorpresa su balanceo en la cuerda floja y no parecen muy satisfechos, a pesar de su reciente triunfo en las elecciones andaluzas.