Manuel Fernández Fernández – Un diablo de mentirijillas

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La noticia de portada de este Diario, del 25 de octubre, festividad, en Segovia, de San Frutos, el siervo bueno y fiel, dice “Una escultura del diablo presidirá la calle de San Juan”.
La estatua será obra del polifacético artista José Antonio Abella Mardones, médico, editor, escritor, escultor, auténtico personaje del renacimiento trasladado a la actualidad, premiadísimo en cada una de sus dedicaciones, autor, entre otras obras de estatuaria, del monumento a la Trashumancia, que da nombre a la encrucijada de carreteras conocido como “Estatua del Pastor”. Esta efigie del diablo tendrá por nombre “Segodeus Aquaducti Artifex”, que llevará al que lo contemple a recordar la simpática y muy conocida leyenda de la construcción del monumental acueducto.

Dice esta leyenda que cansada un jovencita de acarrear agua a la casa donde servía, decidió vender su alma al diablo, si a cambio le llevaba el preciado líquido a la misma casa, eso sí, a condición de que el acueducto había de ser construido en una sola noche, que si el gallo de la amanecida cantaba antes de su término, el pacto quedaría resuelto, y la doncella libre.
Al regresar a casa la doncella, pesarosa, rezó y rezó a la Vírgen para que Lucifer no terminase la obra.

Inmediatamente Lucifer y su ejército de diablillos comenzaron su tarea, que subía a velocidad “endiablada”, hasta que los rayos del sol comenzaron a salir y el gallo cantó, faltando en ese momento un sillar que colocar…

Esta es la leyenda, que junto a la fundación de la ciudad y construcción de su monumental puente a cargo del mitológico Hércules compiten en autoría con los históricos romanos, que en infantil pareado los segovianos decimos “vivan los romanos que lo hicieron con sus manos”.

Entendiéndolo como mera alusión a la leyenda, y sin más intención que la simpática narración, aunque tenga por protagonista al diablo, como en Sepúlveda cada 23 de agosto San Bartolomé suelta a un revoltoso diablillo y su equipo que tras recorrer alborotando a la chiquillería vuelva a atraparlo y encerrarlo en su iglesia de San Bartolomé, y, por supuesto nadie entiende que sean culto a Lucifer, que en ambos casos sale derrotado, en Segovia, al no lograr levantar la puente en el tiempo pactado, y perder el alma de la joven; y en Sepúlveda siendo encerrado cada año, fiesta, por cierto, que ha sido reconocida Manifestación Tradicional de Interés Cultural.

Aunque en la España actual, en la que cualquier cosa es posible, pues ya no es que seamos “different”, es que vamos a ser la gracieta del mundo mundial, pudiésemos pensar en gratuita ofensa de ensalzar al diablo, mientras se ponen trabas a la enseñanza cristiana, la supresión de imágenes católicas en centros oficiales, y se legisla que no sea delictivo ofender los sentimientos religiosos de los católicos, junto a los de la familia real, que con otros no se atreven, por una vez veo claro que no hay más intención que añadir, “poner en valor” nuestro imponente monumento.

Más bien veo, otra ocasión del ejecutivo municipal de que la Segovia de su legislatura sea primera en algo, batir algún récord, aunque sea como laboratorio de ensayos de incógnitas nuevas tecnologías, o levantando un megalítico edificio sin oficio ni beneficio, en esta ocasión siendo segunda, tras la capital del reino, que erige una estatua al diablo, pues sabido es que son muy escasas en el mundo.

Como ciudadano respeto todas las ideas y como católico practicante admiro a quienes, sabiendo que no es “políticamente correcto” manifestarse católico y defender la religión tan perseguida, lo hacen, pero opino que en esta ocasión no hay más intencionalidad que la de dar ocasión al viajero de llevarse, además de la espléndida vista de uno de los más importantes monumentos del Imperio Romano, “Patrimonio de la Humanidad”, una simpática leyenda, que será más difícil de olvidar que los interesantes datos de sus 728 m de largo, 28 de máxima altura de sus 163 arcos, o dudosa época de su construcción, Trajano, Adriano…

Hay que verlo con la misma intención de ornato ciudadano con que vemos en la Villa y Corte las fuentes dedicadas a los dioses mitológicos Apolo y Cibeles, en la más transitada vía, sin más culto que los días de celebración de éxitos deportivos de los equipos de la capital, y más que culto entonces se las falta al respeto, subiéndose a ellas y exponiéndolas a algún desperfecto, o la magnífica colección de diosas y dioses, semidioses y héroes mitológicos que amenizan y ornan los cercanos jardines palaciegos de nuestro Real Sitio de San Ildefonso.

Como señal de que la estatua va a recordar la tradicional leyenda, además de su nombre de “Segodiós artífice del Acueducto”, la estatua representa al diablo con el sillar que no llegó a colocar, por el que quedó roto el pacto.