M. F. Fernández – Verdades a medias, errores o falsedades sobre…

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Verdades a medias, errores o falsedades sobre la enseñanza concertada

Toda mi vida profesional se ha desarrollado en la enseñanza pública, en la que he ejercido en “casi” todos los ámbitos: he dado clases particulares, Educación Primaria, ESO, F.P, centros benéficos, y hasta universitaria-castrense, pasando desde la interinidad a la dirección de centro. Tanto yo como mis hijos y nietos nos hemos formado en la enseñanza estatal.

Por lo dicho, y por descender de abuela catedrática en Escuelas Normales de Magisterio, y padre Maestro Nacional, y por tener dos hijos profesores de EGB ejercientes, parece obligada mi defensa de la enseñanza pública versus la concertada.

Para comenzar el artículo, debo manifestar que más que enseñanza pública o privada, otras circunstancias aparte, en lo que creo es en el buen profesor, o mejor en el “buen maestro”, como el título y el argumento de una película que he visto recientemente. Un buen maestro, estatal o concertado, puede sacar la mayor perfectibilidad posible del alumno, un mal maestro desorienta al educando.

Hoy se habla mucho, hasta empalagar, de la enseñanzas concertada y pública, como opuestas, en vez de complementarias, alegando que la concertada es más costosa para el Estado, es elitista y adoctrinante… Recientemente en estas mismas páginas he leído que IU. denuncia “doble red” de pago que favorece a la enseñanza concertada.

Yo siempre he creído que, por lógica, si la concertada aporta estructura, aulas, despachos, salas de reuniones, campos deportivos, etc. y abona parte de gastos, saldrá más económica al Estado. Así lo avalan algunos datos comparativos, uno de los últimos ve el gasto por alumno de la concertada en 4.628 euros, mientras el de la pública asciende a 5.246, y el estudio comparativo realizado ya en 2016 reconoce 6.940 euros por alumno público, mientras el coste en la concertada es de 2.900 euros…

Un informe de 4 de marzo de 2019 dice: “ El Gobierno admite que la enseñanza concertada es más barata que la pública”.”Ratios, coste salarial o volumen de niños con necesidades ayudan a explicar la diferencia”.

Cifras aparte, posiblemente muy variables, y aun manipuladas, según quien realice el estudio comparativo, el sueldo de profesores por ratio profesor alumno es inferior en la concertada, además de que las familias que eligen para sus hijos esta enseñanza abonan parte de los gastos, el mismo escrito de IU. que realiza la susodicha denuncia dice: “El gasto tanto de personal como el familiar que se da en la concertada hace que el gasto por alumno en ambas escuelas sea prácticamente el mismo”.

Así, pues, queda claro que esos plúmbeamente exhibidos carteles convocando a manifestaciones y huelgas en defensa de la enseñanza pública, gratuita y “laica” (las comillas las presto yo), bien podrían reducirse al último término “laicas”, que es lo que en definitiva defienden, que es lo que a algunos escuece, que es lo que piden, y opino que el doctor Sánchez concederá entusiasmado.

Una cuestión queda nítida y clara, y es que si según la propia afirmación de IU. de que mientras en la ciudad hay cuatro colegios concertados con 31 unidades y una media de 25 alumnos, y en la pública hay 776 plazas vacantes, las familias que libremente eligen para sus hijos la concertada, a pesar de haber de abonar ciertos gastos, será por algo, pero no por cuestiones económicas, más bien por ideología, pues están en su derecho de pedirla no laica.

La verdadera democracia y la libertad de enseñanza está en que haya centros de diverso tipo, con lo que los padres tendrán más opciones de elección, sin el antidemocrático, o fascistoide sistema de la prohibición, pues a nadie obliga a asistir a uno u otro tipo de escuela, como a nadie se obliga a cursar enseñanza religiosa, de obligada oferta por los centros y de voluntario estudio para los alumnos. El art. 27 de la Constitución de “todos” los españoles reza, perdón, dice: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Tal vez alguien dirá que también hay centros concertados no religiosos, pero no nos engañemos, que todos sabemos por dónde van los tiros, y ya lo decía la simpática monja, precisamente de la enseñanza concertada “piensa mal y te quedarás corto”.

Cuánto mejor sería si tiempo y preocupación por la educación perdido en campañas de presión se empleasen en pedir al Doctor Sánchez que exigiese el legal cumplimiento del idioma español y la grande Historia de España, en las escuelas “públicas” de la, más o menos utópica o futura, república de Catalunya. Aquí viene al pelo el párrafo 8 del citado art. 27 de la ley de leyes: “Los poderes públicos inspeccionarán y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes”.

IU. acude al sofisma cuando dice que “La educación pública es la única que garantiza la igualdad de derechos y posibilidades para todos y todas (sic), la que promueve la participación democrática de los distintos sectores implicados en el proceso educativo, incluido el propio alumnado”, pues es la concertada religiosa la que sin obligar a nadie ofrece mayor abanico de enseñanzas y conocimientos, para que con mayor cultura se pueda elegir, pues no se puede escoger lo que se desconoce.

Si el verdadero, principal y primer derecho a la educación de los hijos corresponde a los padres, de los que los maestros somos apoyo, ayuda o auxiliares, es lógico que muchos padres, parece que mayoría, no quieran que a sus hijos se los mentalice en la “progre” cultura de muerte, como el aborto voluntario, la eutanasia, el amor libre, o la enseñanza materialista como si sólo fuésemos naturaleza física, marginando los valores espirituales…
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(*) (Maestro Nacional, Profesor de ESO, jubilado).