Manuel Fernández Fernández – Les dicen “extremas”…

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Es lógico que los del puño y la rosa, logo por cierto que no habla de las libertades y la pasión ecologista de que hacen religión, pues veo en la rosa arrancada y apuñada lo opuesto a su “libertad” en la “naturaleza” en que nace y luce y en la que esparce su aroma, los socialistas no estén para tirar cohetes tras las elecciones en su tradicional coto andaluz, en el que si bien siguen con mayoría de votos, la histórica caída no sólo puede retirarlos de la gobernanza de la “tierra de María”, sino que marca poco esperanzadora tendencia para las generales del país.

Es lógico también, en este mundillo de la política, en que es habitual echar culpas al maestro armero, que al ver perdida la gobernanza por el posible y más que lógico, aunque nunca seguro sabiendo el ego de cada sigla o partido, acuerdo de los tres colectivos conocidos como de derechas, más o menos centrados, o más menos exactos en el cumplimiento de sus creencias y valores, PP, Ciudadanos y Vox, intenten poner palos en las ruedas de esos posibles, lógicos y esperanzadores pactos, que pusieran el “the end” al feudo socialista, como regeneración de su ineficaz y tediosa gobernanza y castigo al más grave caso de fraudulenta utilización de erario público, llamando de “extrema derecha” a uno de los partidos, el sugerente y jovencito, pero que nace robusto y prometedor, “Vox”.

Choca que en su afán de desacreditar a esos partidos que los han desmontado del gobierno andaluz, llamen peyorativamente de “extrema” a un partido, cuando ellos no sólo formaban o sumaban junto al más “extrema” izquierdista, el comunista estalinista Podemos, y no sólo en esta parcela autonómica, sino que de momento accedieron y mantienen al sillón de Moncloa, mediante el, aquí sí, vergonzoso, pacto con podemitas, pro etarras vascos y golpistas separatistas catalanes.

No soy de “Vox”, como de ningún otro partido, pues prefiero ser libre para mantener, defender y promover los valores en los que creo y que intento practicar, y no estar sometido a la disciplina de partido, como veo algunos que me consta no son partidarios de alguna de sus imposiciones y han de pechar con ellas por seguir perteneciendo a esas siglas, tal vez por solidaridad y refuerzo corporativista, quizá por escalar puestos en la “carrera” política, pero me solidarizo al cien por cien con los valores de que hace bandera el joven “Vox” creado allá por el 2014 por José Antonio Ortega Lara, que para nada me parecen extremistas, sino lo más normal y del día a día ciudadano.

Defienden el derecho a la vida, negando cualquier legalización o negociación para cortar la vida voluntaria y alevosamente del nonato concebido, así como se oponen a la eutanasia, eufónico corte de la vida de la persona a la que se debe facilitar y hacer respetuosa y apacible su etapa final en este mundo, de acuerdo con la actividad médica encauzada a defender la vida y las mejores condiciones de esa vida cuidando la salud, pero nunca traicionando la ética médica para la (in)cultura de muerte; avalan a la familia como origen y núcleo de convivencia, educación y progreso´, centro de la vida y basamento de la sociedad; promueven la unidad de España, sacando del armario palabras que parecen contaminantes, rupestres o arcaicas, como patria, honor, símbolos respetables como monarquía, con todo el respeto y afecto para el Rey, bandera, himno, por lo que son netamente opuestos a partidos pro etarras vascos o secesionistas catalanes que intentan la ruptura de España.

Políticamente proponen la reducción de impuestos, menor intervencionismo oficial, reducción de la burocracia, reducción de gastos oficiales y mayor inversión social, evitar o reducir la contaminación, y, por supuesto eliminar toda corrupción y fraude, lo que redundará en mayor eficiencia, mejor redistribución, más libertad, más justicia distributiva, mayor honradez y mejor sostenibilidad.

Pienso que el burgalés Ortega Lara sabe bien distinguir lo que es extremismo, que sufrió en sus carnes un inhumano prolongado secuestro, por lo que es tan frontalmente contrario a cualquier negociación con terroristas, como el que su día mantuvo el “inolvidable” Zapatero, por lo que ve positivo crear su propio partido “Vox”.

No veo razón alguna para calificar como derechas o izquierdas, por lo que no me defino, aunque soy diestro y más hábil con mi lateralidad diestra, aunque para nada admito que se adueñen los “zurdos” de conceptos a los que intento acercarme: cultura, ecología, honestidad, libertad…, y para nada escondo mi condición de católico practicante, defensor de los valores patrios y su material representación simbólica, la defensa de la vida, amante de la naturaleza, la honestidad, las libertades netamente diferenciadas de libertinaje y de que la libertad de expresión sea el cajón de sastre de cualquier deleznable actuación…

Una vez echada una mirada al naciente colectivo político, su ideología y propósito, y lo oportuno de su eclosión en el espectro político, creo que no sólo es justo y necesario su pacto de co gobernanza con los otros partidos conocidos o considerados con esa denominación etérea, pero cuyos valores bien conocemos, de “derechas”, PP y Ciudadanos, sino que sería imperdonable que por rencillas o aspiraciones personales, se perdiese la ocasión de actualizar y poner en marcha lo que la ciudadanía ha votado, y lo que toda España piensa de dar el vuelco a la extraña gobernanza socialista tan personalizada en el sorpresivo presidente, que tan presuntuoso, ineficaz y obsesivo se ha mostrado en su breve y económicamente costosa estancia en Moncloa.

El lógico ensamblaje de estos tres partidos tiene enorme interés y en ellos gran dosis de responsabilidad, pues no se constriñe al ya consuetudinario coto andaluz, sino que se prevé, y bien lo saben los que se apean del largo viaje sureño, extensible y aplicable al plebiscito nacional, que incluso valdría para apear al sorpresivo presidente por la misma vía en que accedió al obsesivo sillón de Moncloa.