Juan Cuéllar Lázaro – Pero, ¿a quién he votado yo?

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Han pasado ya varias semanas (meses incluso) desde que nuestro actual (de momento) presidente del Gobierno en funciones nos convocó a las urnas la pasada primavera, primero con las elecciones generales de 28 de abril, y después con las municipales, europeas y autonómicas de 26 de mayo.

Y con el verano ya bien avanzado y recogida la precaria cosecha cerealista con que este año nos ha obsequiado la madre Naturaleza, he llegado a un punto en el que me encuentro realmente desconcertado con todo lo que está sucediendo con los políticos elegidos en las unas y en las otras al comprobar un día sí y otro también cómo mercadean desde todos los bandos (no se les puede llamar de otra manera por lo que están demostrando) con los resultados obtenidos, intercambiándose ayuntamientos y autonomías como si fueran cromos.

Sin ningún tipo de pudor ni recato negocian con nuestros votos, y los acuerdos que son imposibles aquí por cuestiones ideológicas y programáticas, allí son los más adecuados y convenientes para el territorio. Las famosas líneas rojas que habían trazado y los cordones sanitarios que habían jurado antes de los comicios como elemento sustancial e innegociable en sus programas electorales, en ocasiones son transgredidos sin mayor problema tras comprobar los resultados obtenidos en la consulta, buscando lo mejor y más ventajoso para el partido o el político de turno.

Como si de una partida de mus se tratara juegan a emparejarse como mejor les cuadra, y comienzan a lanzarse envites (¡órdagos incluso!), muchas veces de farol, sin tener en cuenta que ni la silla ni la mesa que ocupan ni mucho menos las cartas que tienen entre sus manos (valga el símil con los votos que les hemos confiado) son suyos, sino que son de todos y cada uno de los votantes que se tomaron la molestia de participar en este juego (cada vez más manipulado y cada vez menos creíble por su culpa) que llamamos democracia.

No es extraño, pues, que después de ver tantos enjuagues y tantas componendas a dos o tres o más bandas, y vistos los desconcertantes y contradictorios resultados de tantas negociaciones (digámoslo así por aquello de ser políticamente correctos), más de uno se esté preguntando, “Pero, finalmente, ¿dónde ha ido a parar mi voto?, ¿a quién he votado yo?”