Juan Andrés Saiz Garrido-Tren herido

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Se cumplen 130 años de la llegada al tren a El Espinar. El año pasado me tocó pregonar sus emociones y hablé de las etapas de mi pueblo unido a él: de su papel fundamental en el desarrollo turístico, y en el transporte de madera y leña; recordé su utilidad para que muchos pudiéramos prolongar estudios, y nuestros hijos; y de su legado cultural, con versos eternos de Machado y Alberti.

Pero me niego a mirarlo sólo como un recuerdo nostálgico del pasado, por bello que sea. Creo que es una infraestructura útil y con futuro. No debemos renunciar de antemano a él, sino reivindicarlo y exigir proyectos que lo mejoren.

La Estación, esa comunidad viva que se forjó en torno al tren, se ha echado varias veces a la calle para defenderlo, y presiento que tendrá que hacerlo de nuevo (“Estación, te quiero”). A esa actitud responsable debe unirse todo el municipio.

Creo que la gestión de Adif está siendo mala. Por ejemplo: uno, ante el descenso de usuarios, reduce viajes, agravando más el problema; dos, en vez de estudiar expediciones más eficaces y promocionar su uso, hace dos años tuvo la ocurrencia de gastarse una pasta gansa en levantar un muro absurdo de cemento a lo largo de la vía en su paso por el casco urbano, que luego tuvo que retirar; y tres, en lugar de aprovechar la impronta de Machado para un viaje turístico, se lleva la idea al AVE, en cuyos vagones nunca montó el poeta ni su amada Guiomar. ¡Vaya tropa! Gestionando así, es difícil que la línea Segovia-Cercedilla no sea deficitaria. El día que la cierren, llegarán los lamentos.

Soy transportista de viajeros por carretera, y no por eso enemigo del tren, sino todo lo contrario. En el siglo de las comunicaciones, trenes y autobuses deben ir de la mano, como servicios públicos que garantizan el derecho a la movilidad.