Juan Andrés Saiz Garrido – Cuarenta años de Ayuntamientos democráticos

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Hace cuarenta años que por estas fechas se celebraron las primeras elecciones municipales. En El Espinar concurrieron tres candidaturas (UCD, Municipio Unido y Agrupación Independiente) y de ellas salimos elegidos los primeros concejales de la democracia. Tres ya no están: Félix González de la Fuente, Luis Sánchez Pardo y Julito Morán Zamorano, pero se les recuerda. Los ocho restantes nos seguimos frecuentando con afecto sincero, pues supimos preservar la convivencia por encima de los lógicos choques políticos. En los pueblos esto no es fácil, pero sí necesario; por eso lo saco aquí, para retomar lo bueno y olvidar lo amargo.

Sigo apostando por el presente y por lo que ha de venir, pero me gusta aprovechar las fechas redondas de los sucesos importantes para echar un poco la vista atrás y sacar buenas lecturas. Recuerdo que entonces, con 27 años y envuelto por los vientos de la nueva democracia, yo quería darle la vuelta a mi pueblo, como a un guante, en coherencia con mi juventud e ideología.

Después, diez años en la oposición fueron más que suficiente para enseñarme que un pueblo vivo es el aquel se mueve cada día, y que para mejorarlo no es imprescindible ostentar ningún cargo público, basta con sumar tu pequeño esfuerzo al proceso común desde el lugar que te corresponda: tú a cuidar el monte y el campo, tú a contar historias y a pintar la nubes de colores, los niños a jugar, los jóvenes a estudiar, vosotros a crear empleo, aquellos a empujar el carro de la cultura, otros a preservar las tradiciones y alumbrar el futuro… y todos a convivir, respetando a los que no piensan igual. Dicen que eso es la esencia de la democracia. Vale. Por mi parte, yo ahora lo veo como un libro sin final, que entre todos vamos escribiendo, día a día, con palabras e imágenes que vamos descubriendo con el paso de los años.

Y así, cada cuatro años, cuando llegan estas fechas previas a las elecciones municipales, algunos candidatos en ciernes me plantean preguntas sobre el Ayuntamiento y luego me dicen que se presentan porque aman mucho a este pueblo y quieren hacer cosas buenas por él. Y yo les creo, ¡cómo no!, y también les digo que no se desesperen cuando salgan concejales si después no pueden llevar a cabo sus ideas, y tampoco si no salen elegidos o dejen de serlo a su pesar: fuera del Ayuntamiento hay vida, ¡estoy seguro!, y pueden hacer tanto o más que dentro.

Posiblemente, lo mejor que hicimos los concejales de aquella primera corporación, y luego los de las siguientes, no fueron tanto las lógicas obras y proyectos espectaculares, sino predicar en silencio con nuestra sana convivencia.

Elena Matesanz, que ya ha cumplido 90 años, me dio ayer dos besos al encontrarnos a la altura de la iglesia, y luego me preguntó con cariño por mis nietos, a los que conoce. Cuatro años en el Ayuntamiento, defendiendo opciones distintas, no minaron nada nuestro afecto sincero, más bien lo agrandaron y sigue vivo después de cuarenta años. Vivir es convivir, sobre todo en un pueblo.

Y cuando estoy concluyendo estas líneas, recibo la noticia de la muerte de Ricardo Cáceres, amigo, compañero y concejal de la primera corporación democrática del Ayuntamiento de Segovia.

Aunque demasiado pronto, no ha podido suceder en un día más certero, que hasta parece todo un guiño del destino.