Juan Andrés Saiz Garrido-Benditos intrusos

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Soy poco de tele y nada de concursos; sin embargo, un personaje singular, Fran González, me ha tenido enganchado a Pasapalabra, y esto me ha permitido conocer a Christian Gálvez, el joven presentador del programa que rebosa frescura y bondad; piensa rápido y en alto, y abre caminos. Estudioso de Da Vinci, los remilgados del comité de historia (CEHA) le han tachado de intruso por dirigir una exposición de éxito sobre el genio italiano. Un día le hicieron llorar a lágrima viva. “Demasiado para Gálvez” (Jorge M Reverte).

Dice Christian que “Leonardo no es de nadie”, seguramente porque es de todos, lo mismo que la cultura y el monte. “En cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda; sólo se gana lo que se da”, decía Machado. Creo que el mundo lo mueve el empuje de los intrusos valientes y lo frena la envidia de los acomodados que guardan el arca de los carnés. Me lo aclaró Tatán: “Quita los títulos de las paredes, padre, esto parece la consulta de un dentista”.

Hace medio siglo, unos nuevos juglares de pelo largo abrieron sin permiso las puertas del folclore a la juventud. En mi pueblo, Federico Ruyra, no necesita títulos de composición para crear bellas obras de concierto. Tampoco poseen proyectos técnicos Jesús González y Javier Sanz en su ejemplar tarea de recuperar las fuentes del monte, ni falta que les hace, lo que necesitan es apoyo y cariño. Juanito Hoyuelos y Benedicto Muñoz, sin más preparación que su trabajo de gabarreros, fueron campeones de España de corta de troncos, en 1951. Jesús Vázquez no hubiera conseguido catalogar las fortificaciones que salpican el frente de la sierra si hubiera pedido permiso. Benditos intrusos. Apuesto por los osados que, sin respaldarse en orlas ni papeles, abren de par en par las ventanas de la estancia para que entre el aire y la luz. Falta hace.