Juan Andrés Saiz Garrido – Amor y detalles

33

Hace un año, preñado de amor, me encontraba inmerso en rematar los detalles de la segunda publicación de Los Gabarreros, tarea a la que me había resistido durante mucho tiempo (¡qué pereza!), pues siempre que un alcalde o alguna entidad me proponía su reedición, me entraba el vértigo. Era más fácil afrontar otro proyecto nuevo, que abrirme la entrañas en canal y enfrentarme a aquella historia ardiente, que no había cesado de crecer, gracias a otros.

El empujón decisivo me lo dio el presidente del CIT (mi hijo mayor); y una vez que le di el “sí quiero” (un padre nunca le niega algo razonable a un hijo), me volqué sin tregua, de día y de noche, como cuando me siento golpeado por una idea luminosa. Conozco ese estado de arrobamiento, lo he vivido en alguna ocasión y lo comparo al que debe de sentir una mujer con un hijo deseado en su vientre.

Enfrentarme de nuevo a Los Gabarreros me aportó dos nuevas visiones: que aquella gesta serrana había sido un acto de amor y que su esencia está en el detalle. Lo primero lo entendí tras una frase lapidaria de Pablo González ‘el taxista’: “Cuánto me hizo sufrir y cuánto lo quiero”, amor en suma; lo segundo surgió cuando Tomasín García me confesó su actitud: “Busco la satisfacción a través de los detalles: el caballo bien ajaezao, el almuerzo en la albarda, el perro a tu vera, los aperos artesanos, el garrote de piorno, los tueros cortados a su medida, la carga equilibrada (si no quieres llorar), el camino preciso, la leña hacinada con mimo en el corral y, al final, sentir la dignidad del trabajo bien hecho”.

Tras medio siglo de darle a la tecla, he aprendido que esto de escribir se comprime en dos palabras: amor y detalles. La gabarrería también.

¡Ya huele a leña! Nos vemos en la fiesta.