José María Martín Sánchez – Un paseo virtual por nuestra gentil muralla

56

Hoy este espació gira en torno a nuestra muralla. Esa que vemos casi todos los días. Más, y como sucede con lo cotidiano, la miramos y nos quedamos ahí. Y hay mucho por descubrir. La gran mayoría de los datos que reflejo llevan ahí siglos. Nuestro monumento al que le fueron bien los arreglos durante el mandato de Pedro Arahuetes, con un lavado de cara de extraordinaria valía en una gran parte del lienzo (años 2010 y 2011), ha devuelto su esplendor a aquello que iba perdiendo, piedra a piedra, sus señales de identidad.

No se ha determinado quien o quienes fueron los que iniciaron su construcción. Salen a “relucir” los celtíberos y también los romanos. Pero sin una base “científica”. Sí es más concreta la que hace referencia a la segunda repoblación de la ciudad, año 1088, época en la que comienza a construirse la muralla para defenderse los de dentro de posibles ataques de los de fuera.

Por dentro -seguro que no haría falta describirlo-, habitaba la nobleza y el clero. El pueblo llano, el que trabajaba con el azadón las huertas y lavaba en la ribera del Eresma la ropa o la lana, se situaba en los arrabales. San Lorenzo y San Marcos tenían el rio cerca; los de El Salvador, Santa Eulalia, San Millán… las fábricas de paños.

Luego, cuando llegó la época moderna a nuestra muralla la pusieron medallas: en 1931 declararon (MIA), Monumento Histórico Artístico, a la puerta de San Andrés (1) y diez años más tarde a todo el recorrido de la muralla. Pregunta ¿qué materiales considera el lector que se emplearon en la construcción? Se es que la respuesta en obvia: piedra caliza. Pero no en todo el recorrido. Puesto que hay piedra granítica en parte de su base que fortalece la cimentación.

En su puesta al día, que se inició en 2009, además de emplear 3.000 horas de mano de obra, se utilizaron 410 m3 de piedra procedente de la cantera de Bernuy. Salvo error, que admito, la última acción sobre la muralla se llevó a efecto entre los años 2015 y 2017. Corresponde a la restauración de la zona sur, Alcázar. El presupuesto fue de 833.806 euros, con proyecto y dirección de José Miguel Merino de Cáceres. Fue financiado por el Ministerio de Fomento (70%) y el Patronato del Alcázar (30%).

He leído una curiosa descripción del monumento. Es de Carlos de Lecea por el lejano año de 1896. Es tan curiosa como didáctica. Lean.

“Los Postigos (2) eran el del Alcázar, el Consuelo, San Juan, Picado y del Parque. La longitud total de la muralla es de 4,075 varas castellanas de tres pies lineales, o sea tres kilómetros y cuatrocientos diez metros y setenta y siete centímetros y medio, siendo su espesor de nueva pies equivalentes a dos metros y quinientos once centímetros. Su altura por término medio, desde el pié de la roca hasta las almenas es de treinta y cuatro pies, o sea nueve metros y cuatrocientos ochenta y cuatro milímetros, hallándose defendido tan extenso recinto exterior por ochenta y tres cubos (3) o torreones y seis fuertes al lado de las puertas, parte integrante todos ellos, lo mismo que los cubos de las murallas. Algunos de estos cubos han desaparecido en los últimos años”.

Con seis puertas contó la muralla. Solo quedan tres: San Andrés, Santiago (refugio) y San Cebrián. Dos desaparecieron: San Juan (1888) y San Martín (1883). Estas puertas daban acceso a personas y mercancías, que pagaban derecho de paso.

También contó con ocho postigos: del Obispo (D), Alcázar (D), La Fuente Cercada (D), San Matías o Picado (D), San Juan de los Caballeros, del Consuelo o Santa Columba, de la Luna o del Rastro, del Sol, conocido también como el de San Miguel, del Corpus o de los Judíos.

La parte visitable del Adarve (4) discurre por San Cebrián, San Andrés, Ronda de Juan II, Obispado, Postigo, Zuloaga y Jardín de los Poetas.

(D) Desaparecidos.

(1) Construida durante el reinado de Carlos I, en el siglo XVI.

(2) Puerta pequeña de una sola pieza que tiene un cerrojo y un picaporte.

(3) Construcción alta y robusta, generalmente coronada por un parapeto, que rodea una fortificación, plaza fuerte u otro lugar para su defensa.

(4) Adarve: camino situado en la parte alta de las murallas.