Jose María Martín Sánchez – Duda razonable: Zamarramala o Miraflores

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Vamos a suponer, por más que falta no hiciere, que usted sabe que Zamarramala existe y de pronto se encuentra, porque lo lee o escucha, que el lugar también se conoce como Colación de Miraflores ¿Por qué? ¿De dónde salió? ¿Quién fue el primero que así lo dispuso?

Me voy en busca de un filólogo concreto muy dado, pero muy, a la búsqueda de las raíces de los nombres. Contestación a la primera duda:
“La primera vez que aparece Çamarramala (escrito tal cual se encontró) fue en 1294 en un texto de sobre las propiedades del cabildo de Segovia. Así sigue en 1446, en la visita que hace el obispo a las iglesias de la diócesis, donde, por cierto, no aparece nada llamado Miraflores, en 1462 (en el Archivo municipal de Segovia) y tampoco en 1466 ni, por último, en 1611.

Como Zamarramala (escrito así) aparece por primera vez en 1428, en el archivo municipal de Segovia, y se van alternando hasta que en el siglo XVI es casi la única variante”.

Ya tengo, me digo, alguna rama donde agarrarme. Más, era necesario saber, conocer, la raíz del término. Y ya que tenía a mano a mi filólogo de cabecera… Aquí dejo la segunda entrega:

“El topónimo es, como poco, celta (aunque es posible que alguna parte sea anterior), por lo tanto tiene entre 2300 y 3000 años así que, de ninguna manera el lugar pudo llamarse Miraflores y luego Zamarramala; más bien sería al revés”.

El tema, que pudo parecer en la apertura de estas líneas que no tenía entidad, se puso interesante. El término Miraflores, al menos hasta este momento, no aparece. Entramos, pues en el terreno de la hipótesis.

“Considero —opina nuestro interlocutor—, que pudieron suceder dos cosas:
—Un error de interpretación que ha ido pasando de escrito ha escrito.

—Un cambio de nombre por motivos estéticos que solo se dio en la escritura, pero no en el habla popular (diglosia). Era necesaria la llegada de repobladores y se intenta dar un nombre atractivo; esto es algo que ha sucedido a menudo en toda la península”.

Puestos en el camino, encuentro que Enrique IV, en uno de los privilegios que concede en 1428 al lugar, se refiere a él como la “Colación (1) de Zamarramala”. Fernando VII, ya en el año 1808, al cursar invitación para que acudieran a su proclamación en El Alcázar, lo hace a los pobladores del “Arrabal (2) de Zamarramala”. Gobernador hubo, en 1881, que confundió claramente al ubicar a los lugareños dentro del término: “Miraflores de la Sierra”. (3)

También digo —por haberlo leído en diferentes textos—, que cuando los Templarios de Castilla adquieren el lugar (1140 —C. de Lecea—) donde se asienta la Vera Cruz, dicen que se ubica en el “término de Miraflores, donde andando los tiempos surgió el pueblo de Zamarramala”.

Sugiere el que esto firma que lo descrito se mantenga simplemente como duda razonable. Al igual que pudiera suceder cuando, ya en el siglo XIV, el referido templo pasó a poder de la religión de San Juan de Jerusalén, describiéndose como la “Encomienda (4) de Miraflores”.

En el siglo XVII, cuando la Vera Cruz deja de ser parroquia de Zamarramala y tiene iglesia propia, el lugar pasa de “arrabal” a conocerse como “aldea” (5).

Opinión subjetiva. Para quienes, seguidores de la religión católica, se ubicaron en la Vera Cruz, la palabra “zamarra-mala” no era atractiva a efectos de llamada para la repoblación del lugar eligiendo otro, Miraflores, con más “gancho”, pero sin que la tradición consiguiera cambiar, ni en los textos ni en la terminología de sus gentes, el primitivo Zamarramala, cuyo significado es “piedras, roca, peñascal”. Término muy apropiado para el lugar, pues sus tierras de labor son pedregosas y los campos de flores muy escasos.
No es más que una opinión.
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(1)Acto de colacionar un beneficio eclesiástico o un título civil.
(2) Barrio fuera del recinto de la población a que pertenece.
(3) Se funda a mediados-finales del S.XIII (D. de Colmenares) por pastores segovianos, bajo el nombre de Porquerizas. El cambio a Miraflores de la Sierra, se cree que se produjo en 1627 propiciado por la Reina consorte Isabel de Borbón.
(4)Encargar a alguien que haga algo o que cuide de algo o de alguien.
(5) Pueblo de escaso vecindario y, por lo común, sin jurisdicción propia.