José María Martín – ¿Política? No, eficacia ¿Democracia?….

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¿Política? No, eficacia ¿Democracia? ¡Sí! pero no a cualquier precio

El periódico diario La Tierra de Segovia, que nació en el año 1919 en esta ciudad, tuvo una vida corta. Como sucedía a todos aquellos que, con la excepción de El Adelantado, se publicaban en el siglo XIX y albores del XX. Y, sin embargo, La Tierra fue, pese a su brevedad, un extraordinario medio de comunicación. Les cuento para mejor comprender y entender.

Su impulsor fue el grupo formado por ‘Sociedad Segoviana’, Al frente se encontraba el médico, mecenas, entusiasta y extraordinaria persona, Segundo Gila y Sanz.

Aquel que, cuando el diario cerró sus puertas, siendo entonces él su director, a principios de 1922, escribió: “Al dejar de de publicarse este periódico en el que puse desde su fundación energía, entusiasmo y dinero, en tres años de lucha hemos dejado jirones de nuestra alma, habiendo recibido por ello testimonios de indiferencia, entre otros los de aquellos que debieran haber sido los más entusiastas cooperadores espirituales de nuestra obra… Yo soy así, me olvidaré pronto de que Segovia no me ha correspondido a los sacrificios que por ella hice siempre”.

Si a un periódico le definen las firmas de los que en él escriben, que conforman la línea de información/influencia que los lectores buscan, La Tierra tuvo a los mejores de aquella época. De ahí que su presencia cotidiana tuviera un peso dominante en la vida de la ciudad. Habitualmente aparecían las firmas de Blas José Zambrano García, socialista, maestro, pedagogo y redactor jefe del diario. Marcelino Álvarez Cerón, funcionario, catedrático y poeta, José Tudela, funcionario, Agustín Moreno, médico y catedrático de instituto, Ignacio Carral de la Torre, profesor y periodista; Marqués de Lozoya, literato, escritor, historiador de ideas monárquicas; José Rodao Hernández, maestro, escritor, periodista, poeta… Mariano Abizanda Hernández, militar, Luis Carretero Nieva, socialista republicano, ingeniero, regionalista castellano e historiador, Eugenio Tarragato Contreras, republicano ‘agrario’, Mariano Grau, funcionario, historiador; Eugenio de la Torre Agero (Torreagero), abogado, pintor, liberal; Julián María Otero Rubial, abogado, funcionario… Una gran amalgama (1) de ideas, y no solo políticas, bajo la dirección, en su etapa inicial, del abogado Feliciano de Burgos.

De todo ello ha transcurrido un siglo… para, cuando menos en política, no haber cambiado nada. Para muestra, la opinión de aquellas extraordinarias firmas del diario que, pese a cultivar ideas políticas diferentes, se unían para denunciar el caos político municipal existente. Hoy habrían escrito de lo mismo y ampliado el campo:

A las autonomías, a los que se eligen para representar en la CCE, a los chanchullos políticos, a la mamandurria, a callar la voz, como sea, de los que no piensan como él o ella, a no poder exponer libremente las ideas de cada cual en la universidad…

No había limpieza en la política de entonces, y pese al siglo transcurrido, no la hay ahora.

Los partidos buscaban poder para ampliar su dominio sobre el pueblo, y recorrido un camino de cien años lo han acrecentado.

Ni con el paso de una maldita guerra civil de un millón de muertos, quisieron aprender. Hoy siguen determinados políticos fomentando la misma línea de rencor.
¿Por qué no dedicamos todos nuestros recursos a construir el futuro olvidando los inútiles y perversos enfrentamientos del pasado?

Que nadie espere que con política y más política se arreglen nuestros problemas. El sistema tiene demasiadas aristas. Esas que nadie, y los que detentan el poder menos, quieren que desaparezcan. Les va bien.

No se quiere hacer

Artículo de la redacción del diario “La Tierra de Segovia”, publicado en el año 1920, días antes de las elecciones municipales celebradas el 13/12/ 1920. En ellas, reinando Alfonso XIII, en Segovia consiguieron mayoría los monárquicos. Las protestas fueron numerosas.

El pueblo de Segovia necesita que se resuelvan total y eficazmente sus problemas. Personas existen en Segovia para lograrlo y hay que situarles en los ayuntamientos para que lo realicen. Pero no lo conseguiremos por llevar el sello y llamarse conservadores, liberales, progres o republicanos, sino por su condición de inteligencia, voluntad y por su recta administración.

A esto se debe atender, y al ir a votar hacerlo por aquellos a quienes se les entregaría la hacienda propia para que nos la administrasen, de la misma forma que con nuestro voto les entregamos la hacienda municipal.

A nadie le puede extrañar, que observando la situación política, aquellos que no buscan el provecho propio en ayuntamientos y otras instituciones, miren para otro lado, asqueados de las contiendas en las que han de hipotecar su oposición a la connivencia del político o descender a la propaganda tabernaria.

Los que hacen falta que vayan a los ayuntamientos hasta que la Constitución siga amparando a estos, le ha de designar el pueblo, con el único fin de servir a los intereses generales con honor, diligencia y buena fe.

Solo un ayuntamiento formado por personas, mujeres y hombres capacitados, pueden resolver los muchos problemas que encontrarán en su puesto.

Solo un gran movimiento de la sana oposición, sin política y sin parcialismos, puede llevar al ayuntamiento a hombres y mujeres que se necesitan. Incluso llevarles el acta a su propia casa para pedirles que lo firmen y se impliquen limpiamente en la defensa de lo público, sería tan obligado como necesario.

Decir que esto no se puede hacer, es pretender ocultar que no se quiere hacer.


(1) Unión o mezcla de cosas de naturaleza contraria o distinta.