Jose Mª Martín S. – El día que la Emperatriz quiso pasar por la ciudad

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Les pido que se sitúen en el año 1527 y segundo mes. Al Concejo de Segovia le llega el “rum rum” de que la esposa de Carlos I, Isabel de Portugal, pasará por la ciudad camino de Valladolid donde está él.

Para más conocer, el Concejo pide al corregidor que se ponga en contacto con la Casa del Rey. El monarca, a través de su escribano, contesta al Concejo y sin afirmar ni negar, deja “caer” al final:

-“Mi voluntad es que –si sucede- sea bien recibida y tratada, como lo sería si fuera mi misma persona. Sí pido que los gastos sean moderados y escaseen en todo cuanto pueda ser”.

¡Frase para enmarcar!

Para no andar a medias tintas (1), el Concejo se dirigió a la Emperatriz, La Señora, a través de escribano de su séquito, contesta (más/menos):

-“Tengo un gran deseo de visitar la ciudad, por lo que pasaré por ella de camino”.

Ya no había dudas. El Concejo pone en marcha la “maquinaria” organizativa. Había que dar un recibimiento digno. Y se confeccionó el programa, a saber:

El Palio:

-“Ha de ser de brocado (seda natural para forro; tela de oro para adornos y flecos), llevará doce varas y el escudo de armas de la ciudad bordado”.

Coste total 177.200 maravedís

– Festejos que solemnizarán el recibimiento, música, toros…

– Subvención: (agárrate Manolo), 18.300 maravedís, a todos y cada uno de los regidores, mayordomo y escribano para que se hagan ropas apropiadas al acto…

(El gasto total de la vestimenta ascendió a 443.350 maravedís).

El Concejo estaba “tieso” (2) y busca solución:

-“Impongamos una derrama (impuesto) a fin de recaudar para cubrir los necesarios gastos”.

La vida sigue igual. Qué les voy a contar que no sepan.

Más, dado que el impuesto iba “pa largo”, le piden adelanto a un prestamista. Condiciones:

-“Usted recauda el impuesto”

-“De la cantidad recaudada se cobra el préstamo, los gastos que conlleve y nos da el resto”

El prestamista acepta las condiciones, y dice:

-“El préstamo será de 120.000 maravedís”.

Y comenzó el trabajo. La Señora iba a estar “de paso”, solo de paso, pero el recorrido tenía que ser vistoso. Y díjose la corporación:

-Hay que adornar con tapices la puerta de San Martín y calles principales.

-Pedir prestados tapices y telas a monasterios, conventos y casas de caballeros e hidalgos.

-Implicar a los Sexmos para que envíen grupos de danzantes.

Al respecto, llegan siete ministriles (3), catorce trompetas y cuatro atabaleros, que unidos a los de la ciudad formaron un grupo majo de “reguetón”. Coste total, tres días de salario más gastos de permanencia.

Más programa. Hay que arreglar las calles de Santa Eulalia, Azoguejo, Alhóndiga, plaza de San Miguel, Caño Seco, Panadería, Canongías…

Y llegó el día. Domingo 17 de febrero. El séquito de la Emperatriz entra por la Cruz del Mercado, donde la esperaban todos, o casi. Lean:

-Concejo, justicia, regidores clero y nobleza (primera fila).

-Gremios de artesanos: tundidores, carpinteros, pelaires, joyeros, hortelanos, oficios del martillo, zapateros, tejedores y grupo formado por vecinos de Zamarramala (segunda fila).

-Niños de la ciudad, vestidos de moros y cristianos (tercera fila).

Cortejo en marcha. Al llegar a San Francisco regidores y corregidor “cogen” a Isabel bajo palio y así llegaron hasta San Miguel (la catedral no estaba aún), y descendieron hasta el Alcázar, donde la Señora descansó una noche.

Aquí, sin más, les dejó las cuentas que presentó el escribano. A saber:

-Por festejos de toros: 24.800

-Arreglos de calles: 114.600.

A ellos se añaden los ya descritos de confección de palio y ropas.

-Total: 783.000 maravedís. O lo que vino a ser algo más de 2.000 ducados.

Los que saben me han “soplao” que un maravedí de ayer equivaldría a 0,1875, euros de hoy. Pero…cuando cedimos la peseta al euro, una lechuga que nos costaba 100 pts, pasó al día siguiente a un euro. Nos “timaron” en una noche 66 pesetas y pico.

Concretando: menos mal que el Rey no quería que el Concejo se gastara dinero… Y solo fue flor de unas horas.

¡Anda que no!
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(1) Se dice que algo o alguien está a “media tinta” cuando no asume una posición concreta o definitiva.
(2) Estar tieso, o también, no tener mucho dinero para gastar.
(3) Individuo que tocaba instrumentos de cuerda o de viento.