José Luis Salcedo Luengo – Una vieja reivindicación segoviana

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Hacía bastante tiempo que no salía a colación el desafuero sobre la injusticia que cometió el Tribunal Constitucional al incluir Segovia en el ente artificial de Castilla y León, que son dos regiones con sus diferencias idiosincráticas propias, como puede ser por ejemplo el reino Valencia y el condado de Cataluña.

Jesús Fuentetaja lo ha vuelto a recordar el día 9 de febrero corriente en un magnífico artículo publicado en El Adelantado de Segovia titulado “El Centralismo de Valladolid”. Siendo todo él interesantísimo voy a fijarme solamente en algunos párrafos, por ejemplo: “Por mor del desafortunado desarrollo del Título VIII de la Constitución hemos multiplicado un único sistema centralista por diecisiete”. “No es de extrañar pues, que se levanten voces que denuncien el ominoso poder que se ejerce desde la capital de la región (Valladolid)”. “Las desafortunadas declaraciones del alcalde de Valladolid, no porque no sea lícito reclamar para su ciudad las mayores inversiones públicas, pero no que lo haga a costa de despreciar a los demás y que exija que éstas se hagan en detrimento de los derechos de los restantes ciudadanos que malviven en la geografía autonómica”. “La inclusión de Segovia con calzador en esta autonomía”, etc. etc.

Allá por el año 1978, cuando se fraguaba torticeramente la partición de España en Reinos de Taifas, al incluir Segovia en la aciaga autonomía de Castilla y León, un grupo de segovianos amantes de nuestra tierra, vislumbramos con clarividencia, las consecuencias de aquel desaguisado que traería malas consecuencias para nuestra provincia. Se formó entonces un grupo comandado por los diputados Modesto Fraile y Carlos Gila y el prestigioso letrado Manuel González Herrero (Manolo para los amigos), todos ellos luctuosamente fallecidos, que abogamos por la autonomía uniprovincial, al igual que Santander o Logroño que sí la obtuvieron, llamándose hoy Cantabria y La Rioja respectivamente.

Viendo los negros nubarrones que se cernían sobre nuestras cabezas, organizamos un acto en la Plaza Mayor (que no recuerdo si se seguía llamando Plaza de Franco) en la cual no participaron ni el partido socialista, ni el comunista, que se manifestaron contrarios a este deseo autonómico. Entonces estos enemigos de la idea fraguaron la sibilina frase de “donde vais vosotros solos”, interpretando malévolamente nuestros deseos confundiéndolos con independencia, como es el caso de Cataluña. Esta idea siempre estuvo muy lejos de nuestro pensamiento. Nosotros solo pretendíamos la autonomía uniprovincial al igual que las otras siete provincias del solar hispano que la obtuvieron y que entonces hubieran sido ocho.

Se recurrió al Tribunal Constitucional y por razones de estado (es decir sin razón alguna) se nos incluyó por narices y con calzador en Castilla y León. Es decir una auténtica arbitrariedad.

Precisamente mi persona, junto al que fue senador mi gran amigo José María Herrero González, triste y prematuramente fallecido, nos encaramamos en un remolque de tractor colocado en la Plaza y pronunciamos sendos enardecidos mítines que fueron entusiásticamente celebrados por la multitudinaria audiencia que llenó la plaza a pesar de un intempestivo día de diciembre.

Entre otras cosas que presagié fue: “Valladolid aplicará a Segovia el derecho de pernada” que en román paladino quise decir que Valladolid bien nos jodería. Desgraciadamente el vaticinio se ha cumplido a rajatabla aplicándonos la ley del embudo, es decir: “lo bueno para Valladolid y las migajas y lo agusanado para Segovia” y para otras provincias de poca población de nuestra región.

Muy posterior algunos socialistas segovianos destacados han recapacitado y han elevado sus protestas al comprobar lo que yo predije del derecho de pernada, pero ya era tarde y no había remedio. Si a su tiempo se hubiera formado una piña con todos los segovianos sin distingos de color político, probablemente otro gallo nos hubiera cantado. Tal vez hoy Segovia y su provincia serían administradas con provecho y hubiéramos prosperado como cualquier otra autonomía uniprovincial y no estaríamos a expensas de las sobras que nos quiera enviar Valladolid.

Coincido con Jesús Fuentetaja en cuanto a las buenas amistades que yo también tengo en Valladolid, e incluso una cuñada, entre otros fui amigo de Godofredo Garabito, fallecido también, que fue un importante personaje intelectual de pro en Valladolid y es más, allá por noviembre y diciembre del año 85, colaboré con el grupo teatral vallisoletano “Amigos de la Zarzuela”, cuyo presidente era Godofredo, representando con este grupo uno de los personajes principales de la opereta “El Conde de Luxemburgo” en los teatros de Logroño, Valladolid y Palencia. Sin yo solicitar emolumento alguno me recompensaron generosamente por mi trabajo. Por mi intermediación este grupo colaboró con el Cuadro Lírico Julián Gayarre cuando hicimos una representación de “La Picarona” en el Teatro Juan Bravo.

Espero que algún día, que por desgracia yo no conoceré por mi avanzada edad, volverán las aguas a su cauce y Segovia adquirirá la personalidad uniprovincial que por su tradición y vieja historia la pertenecen.