Jose Luis Salcedo – De aquellos polvos vienen estos lodos

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Siendo como soy un vulgar hombre de la calle, confieso que soy un inexperto en cuestiones de política, así que probablemente lo que voy a decir sean elucubraciones desatinadas elaboradas por mi mente, ya que en este aspecto considero que “doctores tiene la iglesia” que tal vez lo que digo me lo puedan rebatir.

Empiezo: Vengo cavilando en los últimos tiempos, al ver el desastre de nuestro actual gobierno, que cada medida que toma sobre un tema, salen despavoridos todos los interesados o bien a los que atañe, que solemos ser todos, nos echamos a temblar. Por poner algún ejemplo: la errática política de los inmigrantes (Aquarius), lo del diésel, los nuevos impuestos y la ampliación de los existentes, la exhumación de la momia de Franco, los previsibles indultos a los golpistas, el nombramiento del presidente del Tribunal Supremo, el mareo de la perdiz de lo de Gibraltar, el cese de las centrales nucleares, la desaparición de los automóviles con motor de combustión interna para el 2040, la ley Celaá sobre la enseñanza, la incautación de Seos eclesiásticos, el campeonato mundial de fútbol de 2030 a tres bandas, etc. etc.

Como muchas medidas irracionales que como “globos sonda” nos lanza el gobierno han alarmado en demasía a la población, inmediatamente aquél ha tenido que rectificar por darse cuenta de los disparates que han cometido y de esta forma apaciguar los ánimos del pueblo. Alguien ha dicho que este gobierno solo acierta cuando rectifica y no siempre.

Pienso que en una democracia que decimos que es España, no se puede gobernar a golpes de ocurrencias. Así que cuando aparece la ministra portavoz Señora María Isabel Celaá Diéguez en rueda de prensa para informar a los periodistas de las decisiones del Consejo de Ministros y la hacen alguna pregunta, aunque no sea muy dificultosa, esta señora se trastabilla y las pasa entre “camerónicas y nazarenas”.

El desastre del malhadado gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, considero que ha sido superado por el gobierno actual, y de mantenerse mucho tiempo en el poder nos conduciría irremisiblemente a otra recesión, tal vez más profunda que la anterior.

Sigo meditando ¿Y quién tiene la culpa de todo esto? Pues a mi corto entender no hay más que un culpable que tiene nombre.

Me remito al día del pleno donde fue defenestrado el anterior presidente por votación de la Cámara en una moción de censura promovida por el doctor don Pedro Sánchez. Con anterioridad a este pleno, don Mariano Rajoy ya sabía que perdía la moción, luego a la vista de lo que se le venía encima, pienso yo, podía haber dimitido, colocar en su puesto a otro u otra de su cuerda y aquí no había pasado nada. Al fin y al cabo el suplente al ser del mismo partido hubiera seguido con una política similar a la que seguía don Mariano que evidentemente sería menos mala que la que nos ha caído encima.

Pero es que el mismo día del pleno de la moción de censura y desde la tribuna de oradores el doctor Pedro (doctor Plagio le llaman algunos) ofreció reiteradas veces a don Mariano que “ipso facto” dimitiera y en ese instante se acababa la moción y el pleno. Naturalmente podría haber dimitido en cuyo caso hubiera sido sustituido por otro parlamentario de su mismo partido.

Luego, a mi corto entender, la moción de censura era personal e intransferible dirigida solo y exclusivamente a don Mariano, no al relevo de haberle habido, hombre o mujer, que podría haber nombrado ocupando su lugar.

Pero la testarudez de don Mariano hizo que no dimitiese ya que según sus palabras “era mejor para él”, aunque luego añadió que era también mejor para la nación. Pues siguiendo con mi torpe entender considero que esto fue un error craso ya que por esta torpeza del empecinamiento de don Mariano, nos ha caído en nuestras cabezas fatídicamente algo así como “la maza de Fraga”, que sacaba polvo debajo del agua.

Para mayor escarnio resulta que tenemos un presidente del gobierno, el okupa Pedro, con una corte de ministros de los cuales ya van siete (Maxín, Montón, Delgado, el astronauta, Calviño, Celaá y el mismo Pedro) tocados por, dijéramos, incorrecciones fiscales o académicas, de los cuales dos ya han dimitido o han sido cesados.

Me viene a cuento una anécdota que me ocurrió estando yo en la barra de un bar con mi amigo el periodista Miguel Velasco tomando un refrigerio. Eran las navidades del 2011, justamente el domingo posterior a las elecciones de la X legislatura (21 de diciembre) que por primera vez salió con mayoría absoluta presidente don Mariano Rajoy. Pues estando así, se nos acercó un personaje que había sido diputado en cortes durante muchos años por el partido popular y que precisamente en esas elecciones ya no se había presentado. Creo que se acercó, no por mí, sino por el periodista que me acompañaba. Naturalmente la conversación giró sobre los acontecimientos políticos de entonces. En un momento determinado aproveché la ocasión para preguntarle si conocía a don Mariano. A lo que me contesto que había estado 20 años en su mismo grupo, tiempo más que suficiente para conocerle como si le hubiera parido. A continuación le hice la siguiente pregunta ¿Qué carácter tiene? El exparlamentario se quedó dubitativo y no arrancaba a contestarme. Entonces yo con el fin de ayudarle a que me respondiera le insinué: ¿Es una persona pusilánime? Y entonces él mostrándose con franqueza me espetó: Pues sí.

Creo que a lo largo de sus mandatos en la presidencia del gobierno ha dado muestras de su pusilanimidad, ejemplos tenemos al no atreverse a revocar muchas leyes nefastas que los socialistas habían implantado entre otras la mal llamada Ley de la Memoria Histórica o bien la tímida aplicación del artículo 155 en Cataluña que han dejado a esta región con más inestabilidad que tenía y más ensoberbecida que estaba y otros muchos motivos que están en la mente de casi todos.

En su primera legislatura tuvo mayoría absoluta lo que le permitía haber eliminado estas infamias implantadas por el partido socialista y por los independentistas y no las corrigió. Podía haber gobernado con severidad ya que los españoles le dimos carta blanca por lo que su estatus se lo permitía y no lo ejerció. Pudo cumplir sus promesas electorales y muchas las traicionó. Esto se llama, al menos, pusilanimidad o cobardía.

Ahora tenemos que pagar las consecuencias de lo que para mí es una jugada política aciaga que nos perjudica a todos. En consecuencia viene como pintiparado aquel refrán que dice: De aquellos polvos vienen estos lodos.

Insisto en que yo soy lego en materia política, pero especulando me ha salido lo que he expresado, lo cual no quiere decir que sea la verdad, ya que pueden existir razones, para mí ignotas, que mi magín no alcanza a descifrar ni a comprender, pero que a simple vista lo dicho tiene visos de ser la cruda realidad.