José Luis Cuenca Aladro – Sánchez y Torra, tal para cual

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La lotería llegó a Cataluña, de la mano del Gobierno de España, un día antes del tradicional sorteo de Navidad del día 22. Escuché algunos comentarios sobre la reunión del jueves en Pedralbes, entre el presidente de la Generalidad Joaquím Torra y el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, a cargo de la “popular” Andrea Levy y de la “ciudadana” Inés Arrimadas. Las dos coincidían, más o menos, en sus severas críticas por lo acontecido en el denominado “encuentro de la vergüenza”… que si rendición del Gobierno, que si claudicación, que si humillación, que si cambio de cromos por los presupuestos, que si un comunicado final de dicho encuentro humillante para nuestra Nación, que si… tal y tal y tal. Un “dejá vu”, vamos. Lo mismo de siempre. El caso es que, también, sesudas mentes intelectuales y analistas que se tienen por muy rigurosos abundaban sobre el mismo tema de manera parecida y eran de la opinión de que el Gobierno de España se arrodilló ante el Govern de Cataluña, ante el separatismo. A primera vista es lo que parece ocurrió el 20-21D en Barcelona y, aunque todo ello es cierto, hay más cosas.

Permítanme que les diga que, a veces, todos pecamos de ser un poco ingenuos, o nos lo hacemos. No parece que nos interesara ver la realidad completa de los hechos.

Y ésa realidad no es otra que la de que todo lo vivido en la víspera del consejo de Ministros del viernes se pareció mucho a una “performance” amable con el independentismo, perfectamente consensuada y orquestada por las partes implicadas para blanquear a Torra y los suyos. Toda fue una pantomima. La verdad es que Quim y Pedro, Torra y Sánchez, se necesitan. Son la misma cosa. Son complementarios. Son las dos caras de una misma moneda. Dos empleados de la “res pública” que han ido en ascenso hasta toparse con su nivel de máxima incompetencia. Da la sensación de que ambos presidentes conforman una “joint venture”, un alianza temporal de estrategias sin pies ni cabeza. El guión, no obstante, está diseñado por Sánchez. Ahora tocaba calmar el ímpetu reivindicativo de Torra con el “lexatín” del “diálogo tranquilo”.

Son muchos todavía los que se hacen la siguiente pregunta: ¿de qué hablarían en el Palacio de Pedralbes? ¿Cuáles habrán sido las claves internas de la conversación que mantuvieron durante algo más de una hora? Los hechos bien pudieron transcurrir como sigue: Quim saluda a Pedro y, cuando se quedan solos frente a frente en la estancia palaciega, el de Blanes le espeta al madrileño “Tío, ¿que hay de lo mío?”, a lo que Sánchez pudo responder algo alterado, “no seas tan impaciente Quim que se nos va a ver el florón. Todo lo tengo controlado, pero dame tiempo. Solo necesito tiempo. El plan está saliendo perfecto y todo llegará en su momento. Ya viste, como dije hace tiempo, que estoy dispuesto a reformar el Estatut y, también que para mí Cataluña es una nación. Lo de la amnistía lo dejamos para después de conocer las sentencias de los detenidos…” En este momento le interrumpe Torra y le dice muy digno, “¡querrás decir presos políticos!” “Sí, claro, claro, eso quería decir”, le contesta Pedro, que continúa… “la votaremos en el Congreso si hace falta, y si el Senado dice que nones, me saco un decretazo de la manga y punto pelota.

Tranquilo Quim, tranquilo. Después, ya pasado el verano, hacemos lo mismo con el tema del referéndum para que sea votado exclusivamente por vosotros, los catalanes. Ya me ocupo yo. Pero, eso sí, lo que teneis que hacer es votarme los presupuestos ya mismo. Tú sigue “actuando” como hasta ahora, como si estuvieras muy contrariado, que lo estás haciendo molt bé”. Esto, que parece ciencia ficción, bien puede ser el secreto a voces de la farsa de la “minicumbre” de Pedralbes donde el presidente español, de paso, además de rendir pleitesía al presidente de la Generalidad, también lo hizo con la alcaldesa Ada Colau y cuantas autoridades institucionales catalanas le salieron al paso, incluído el presidente de la patronal Foment del Traball, Josep Sánchez Llibre.

También “compro” la versión del maestro Raúl del Pozo sobre lo que Sánchez (el encastillado, como le llama) dijo a Torra en Pedralbes: “Éstas son las dos opciones, o al Gobierno le apoya la mayoría de la moción de censura o tendré que adelantar las elecciones con el peligro, para nosotros y vosotros, de una mayoría de derecha dura con Vox dentro”. Quizá lo único que diferencia a Sánchez de Torra es la forma de gestionar el mal llamado “conflicto” catalán. El de Blanes quiere la independencia ya mismo y el madrileño le pide tiempo, que ya todo se andará. Pero Sánchez es el presidente del Gobierno de España y, por consiguiente, el principal y casi único responsable de cuanto acontece en Cataluña por su empatía y simpatía con el procés y con cuantos lo promueven (las fuerzas separatistas). A veces tengo la sensación de que Sánchez va a coger la estrellada, la va a besar y se va a poner con ella al frente de la causa secesionista. No lo descarten. Como no descarten tampoco que la pareja de presentadores de TVE que forman Roberto Leal y Anne Igartiburu sea reemplazada por la que se hospeda a día de hoy en La Moncloa para retransmitir desde la Puerta del Sol madrileña las campanadas de fin de año. Que éste tío tan megalómano y egocéntrico es muy capaz de ello, se lo digo yo. Menos mal que, de momento, el mensaje de la Nochebuena del lunes lo dio el Rey Felipe VI.

Pero volvamos a nuestro “Clint Eastwood de andar por casa”, a Pedro. Ya le vieron por televisión con que garbo displicente se encaminó lentamente desde su hotel (flanqueado por sus dos asesores aúlicos) al “duelo en el O.K. Corral” de Pedralbes cabeceando de un lado a otro al compás de sus caderas, a modo, manera y estilo (¿el de John Wayne y Robert Mitchun en “El Dorado”?) de los andares más fantasmones de los héroes del Oeste americano que tantas veces hemos visto en las pantallas de nuestros cines; aunque, eso sí, sin sombrero de ala ancha, sin revólver y sin placa de sheriff acreditativa. A porta-gayola, vamos. Y es que en Sánchez todo es sobreactuación desde que se levanta hasta que se acuesta. ¡Qué pedazo de actor se ha perdido el cine español!

No, desde luego no es Pedro el paciente “Job” (si es muy pesado y cansino) con el procés como indicaba y justificaba al mismo tiempo, algo cándidamente, mi admirada Julia Navarro en un reciente artículo escrito en estas mismas páginas (“a Sánchez se le podrán reprochar muchas cosas, pero no la de que no ha intentado resolver los desencuentros con Cataluña”). Por una vez, y sin que sirva de precedente, no estoy de acuerdo con la tesis de la gran escritora. Y no puedo estarlo por la sencilla razón de que no es así. Es más, la personalidad de Sánchez es, a ratos, semejante a la del personaje de una de las novelas de más éxito de la autora madrileña, aquel Thomas Spencer que se vanagloriaba “de mentir, engañar y manipular a su antojo sin que le importaran las consecuencias”. Lo que hace de Sánchez un “bulto sospechoso” es su carencia de valores, de principios (y si los tiene los cambia a cada momento). Se trata, sin duda, del segundo peor presidente de nuestra historia democrática, porque el número uno, el que está en lo más alto del podio es Zapatero.