José Luis Cuenca Aladro – ¿Qué es el Mus?

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Avanza el verano irremisiblemente. Cinco de las mesas de la terraza soportal adosadas a La Fonda de Pepe y Marina, en la Plaza Mayor de Riaza, ya están repletas de musolaris enfrascados en el juego del mus. Se está celebrando el que es, posiblemente, el torneo de más popular de cuantos se disputan en Castilla y León. Como en el primer acto de la ópera de Verdi, «Aída», las mujeres de los musistas, al partir de casa sus maridos dejando el postre inacabado, les han susurrado y entonado al oído aquello del «ritorna vincitore». La mala conciencia del «abandono» conyugal momentáneo les remuerde y atormenta la conciencia a algunos. Se les nota en el rostro demudado con que han bajado a echar la partida y, sobre todo, por los errores de principiante que cometen la mayoría de ellos en el transcurso del juego. Si supieran, pobrecitos míos, que nuestras santas esposas se han quedado en casa tan ricamente y contentas por verse liberadas de nosotros, al menos durante un par de horas, jugarían, jugaríamos todos, mucho más tranquilos y confiados.

Con las cosas del Mus debemos tener cuidado y ser realistas. El ránking de la Federación Internacional para la Historia y Estadísitca del Fútbol (IFHSS) considera a la Liga española como el torneo más fuerte de los existentes en el mundo, seguido por la Premier League y la Bundesliga. Las ligas más flojas parece que están en países como Birmania, Uganda, Senegal, Togo o Ruanda. Si hiciéramos un ranking con método similar, pero referido a torneos de peñas de Mus, la mía, la nuestra, la de «Los Amigos de Riaza», difícilmente alcanzaría el nivel futbolero ugandés, togolés o ruandés a que me refería anteriormente. Y es que somos muy malos… jugando al Mus.

El párrafo anterior va cargado de ironía, como comprenderán. Es, por decirlo así, una concesión de declaración de humildad que «Los Amigos» hacemos para con todos aquellos que, desconocedores de las virtudes que esconde el juego del Mus, nos critican, piadosamente eso sí, nuestro afán por la práctica del mismo… «¿Qué clase de juego es el mus?» es la pregunta que se plantean muchos, principalmente los desconocedores del juego de cartas más elemental y difícil de cuantos existen. Tratando de aproximarse a esta peliaguda cuestión se han elaborado teorías más o menos convincentes. Yo podría repetir, por ejemplo, lo que decía San Agustín del tiempo: «si me lo preguntas no lo sé, si no me lo preguntas lo sé». El Mus, al fin y al cabo y porque conviene no exagerar, puede ser considerado como un deporte completo en el que se ejercitan la resistencia física y la agilidad mental de modo sumamente armónico y equilibrado; exige una gestión intuitiva instantánea, una vez conocido el «know how» de nuestros adversarios, nunca enemigos. No obstante, prefiero abordar el estudio del Mus desde el punto de vista científico, que es lo que yo ni más ni menos pretendo. No hay más remedio que reconocer que en el Mus existen doctrinas y prácticas ortodoxas y heterodoxas: la ortodoxia suele conducir a la victoria a nada que las cartas ayuden un poco, pero puede llegar, en caso de uso persistente, a ser aburrida, defecto éste intrínsecamente incompatible con nuestro juego. La heterodoxia, por el contrario, es habitualmente más entretenida, pero puede llegar a ser desesperante para el compañero, sobre todo si se juega de pareja con algún émulo de los «Segurola-Amarrategui». Puesto que elegir uno de estos dos caminos es cosa que debe hacerse cada día, uno de los componentes de cada pareja debería encargarse de defender la doctrina ortodoxa y católica, mientras que los otros dos restantes dotarían al juego de un cierto grado de anarquía. Los españoles tenemos un fondo anarquizante que se refleja bastante bien en la actitud que cada cual tiene respecto a lo que cree ser la verdad última del juego.

El Mus, amigos, es un juego. Pero no un juego vil, sino un juego noble, para gentes muy pero que muy inteligentes y dotadas de profunda penetración y estabilidad psicológica. Así son mis amigos del Mus de Riaza, todos sin excepción: Alfonso, Álvaro, Alfonso Pastor, Ángel, Antonio O, Antonio Sanz, Antonio Serrano, Berzal, Carlos dr, Carlos ch, Emilio, Gonzalo, Héctor, Jaime, Jesús, José Antonio, Joserra, Justo, Rafa, Santiago, Sergio, Siguero, Silvestre… Cuando perdemos una o varias partidas, cosa que nos ocurre hasta a los mejores jugadores, reaccionamos con la mejor de nuestras sonrisas, acompañadas del íntimo convencimiento de que la derrota se debió a que los contrincantes tuvieron mejores cartas, y no al mal juego propio. Un buen musolari no ha de enfadarse jamás ni consigo mismo ni, mucho menos, con su compañero. El Mus se inventó para pasar un buen rato, así que, si alguno descubre que no lo pasa bien es mejor que se dedique a otra cosa urgentemente. En nuestro grupo no ha habido problema alguno jamás, y si lo ha habido alguna vez, habrá sido la excepción que confirma la regla general de la caballerosidad, generosidad y buenos modales que han imperado siempre entre todos nosotros. Nuestra esencia, nuestro sello indeleble.

El torneo de Mus de los amigos de La Fonda acaba de iniciar su segunda semana de competición cuando escribo estas líneas. El jueves pasado Carlos Álvarez se llevó con todo merecimiento el trofeo correspondiente a la primera semana y ha empezado la segunda con buena mano también. Pero lo mejor está por llegar. Y ello será el último sábado de agosto cuando, concluida la Superliga de Mus, celebremos la tradicional comida de hermandad de nuestra peña en el legendario restaurante-asador La Taurina de Mariano. Fin de fiesta, entrega de premios, y tras el opíparo almuerzo (con permiso de las místicas y ridículas recomendaciones últimas de la ONU) llegará el campeonato por parejas fijas a eliminatoria instantánea (con «chupinazo» y «pobre de mí» final) que si lo vuelve a ganar el que esto suscribe tendrá tratamiento de Champions, y si no de «mundialito» o «torneo de la galleta». ¡Viva la peña de «Los Amigos del Mus de La Fonda de Riaza»!