Jesús Fuentetaja – ¿Reconquistar Madrid?

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¡Ayer tuve un sueño, un solo sueño, seguir soñando! Es la mítica frase con la que Martín Luther King inició su histórico discurso del año 1963 desde las escalinatas del Monumento a Lincoln en Washington, en su famosa marcha para defender los derechos civiles de los afroamericanos. Esta misma frase dio título a una canción de Manolo Díaz, basada en aquel trascendental hecho que él presenció en directo. Todos conocen al primero de los citados, como uno de los personajes más influyentes del siglo XX, pero quizá no todos hayan oído hablar del segundo. Para aquellos que no le conozcan, bastaría con decirles que no se entendería la historia de la música moderna española, sin la aportación del asturiano Manolo Díaz. De los primeros cantautores, sino el primero junto a Aute, compuso canciones para él mismo y para otros intérpretes, de los que resultó también productor, como fue el caso de los Bravos y de los Pasos; creador de Aguaviva y finalmente alto directivo de la discográfica CBS, entre otras muchas actividades.

Esta mañana cuando me he despertado me han venido a la memoria ambos personajes, porque uno, aunque más modesto, también tuvo un sueño la noche pasada. La culpa fue de Carlos Núñez, quizá el músico vivo español más internacional de los que se han dedicado a cultivar la música tradicional surgida de nuestras raíces, quien la tarde anterior había presentado su libro “La Hermandad de los Celtas”, en el salón de plenos de la Diputación de Segovia. La obra recoge las últimas investigaciones y vivencias sobre los celtas y su música por uno de sus más destacados protagonistas: el extraordinario músico gallego, con ascendencia segoviana.

Pues bien en el transcurso de dicha presentación: lección magistral de conocimientos y saber estar ante el público, con el que se mostró además de ameno, entrañablemente cercano y agradecido por acompañarle; sólo se le ocurre decir que Madrid había perdido el Norte, musicalmente hablando claro está, arrastrado por el flamenco importado del Sur y como consecuencia de aquella movida posmodernista de los años ochenta que acabó matando a la estrella de la radio de su folklore y de su música tradicional. Lo más sorprendente es que dicho esto, conminó a los segovianos, como guardianes de los valores fronterizos, a que volvieran a conquistar musicalmente Madrid, para que la capital de España no acabe definitivamente desnortada y despeñada en los abismos a que conduce la falta de una identidad sin raíces, puesto que ni siquiera el chotis, su baile más castizo, puede considerarse madrileño de origen, al provenir de una danza centroeuropea denominada Schottische. Hizo esta reflexión apoyándose para ello en lo manifestado por Bob Dylan al aceptar el Nobel: uno tenía que conocer y cantar su tradición antes de componer al estilo del momento.

Es aquí donde las fantasías oníricas me hacen una mala pasada y me imagino a las nuevas milicias concejiles segovianas, puestas a disposición del rey de la gaita gallega, como hace casi mil años estuvieron aquellas que, capitaneadas por Dia Sanz y Fernán García, ayudaron a Alfonso VI a conquistar Madrid. Solo que esta vez acudirían armadas de dulzainas y tamboriles, cargadas aquellas en fa sostenido y estos en ritmo de 3 por 4, haciendo su entrada triunfal por la Gran Vía madrileña, seguidas de un ejército de ocupación de varios rebaños de ovejas: nuestra fiel infantería que nos ha mantenido vivos en la historia. De avanzadilla ya enviamos antes a la alcaldesa Carmena, que para eso tiene casa abierta en El Espinar aunque estuvo a punto de ser cerrada, con la misión de que prohibiera la circulación de vehículos por donde habrían de pasar las ovejas segovianas.

Antes de despertarme soñé que en la plaza Mayor de Madrid, territorio ya conquistado en multitud de ocasiones por el Mester, nos estarían esperando sus componentes para realizar juntos —ya sin ovejas— un macro concierto en el que se fusionarían la gaita gallega, la dulzaina castellana y la alegría de todos al proclamar que Madrid, además de ser el pueblo más grande de nuestra provincia, también es Castilla, como así siempre había sido. A cambio, a lo mejor pudiera Madrid dar asilo político a los segovianos que no se sienten castellanos-leoneses y que no tienen reparos en reconocerlo en público, como no se cansan de manifestar, entre otros, quien fuera el primero de nuestros regidores hace solo unos años.

Bueno, pues yo también, gracias a Carlos Núñez ayer tuve un sueño. Ya me desperté.