Jesús Fuentetaja – La generación del pinar

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Con esa frase bautizó el escritor segoviano Pablo Gallego el intento del año 1983 de reintegrar a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia la propiedad de los pinares y Matas Robledales de Valsaín y Riofrío, que las malas artes de los gobiernos ilustrados de Carlos III, con el Marqués de Esquilache a la cabeza, habían conseguido incorporar al patrimonio de la Corona, después de forzar la venta de los bienes que por derecho, pertenecían a la citada corporación. A ello sirven las reales disposiciones de 13 y 29 de junio y 17 de septiembre de 1761.

Hay razones tanto para pensar que se trató de una venta convenida, como para considerar que aquellos actos se ajustaban como guante en la mano a la actual figura jurídica de la expropiación forzosa. Los partidarios de la existencia de una compraventa al uso, se basan en los intereses particulares de los ganaderos que integraban el regimiento de la ciudad, puesto que con el importe obtenido de la venta se adquirieron las dehesas del Pizarral y del Real Valle de Alcudia, con lo que unido al usufructo de los pastos en las propiedades enajenadas a favor de los ganados segovianos, se permitían incluso fijar el precio de este producto en el mercado nacional. Los que defienden la venta forzada de los pinares se fundamentan en el carácter inoponible de las disposiciones citadas, que obligaron a integrar los bienes en el patrimonio del monarca sin admitir oposición alguna al respecto. Esta última tesis se refuerza por el hecho que la cantidad abonada por la Corona por importe de 4.450.007 reales, se fijara mediante un sistema similar al actual justiprecio y previa tasación efectuada por leñadores de los montes de Cuenca, hechos venir expresamente por el rey a esta exclusiva finalidad.

No le falta razón al autor citado al principio, en autoproclamarse como integrante de la generación que casi consigue impulsar la devolución a Segovia de aquellas propiedades, puesto que nunca se estuvo tan cerca de lograrlo como entonces. Y lo que no pudieron conseguir los representantes segovianos en las cortes de la II República, estuvieron en un tris de lograrlo los intentos del año 1983, en que fue declarado por acuerdo de la Diputación de Segovia de 20 de enero, como: “Año para la reintegración al pueblo de Segovia de los pinares de Valsaín”. Sólo los motivos estratégicos electorales de los socialistas segovianos impidió convertir en realidad esta reivindicación histórica, por la que habían luchado nuestros principales intelectuales en el primer tercio del siglo XX, entre los que destacaron Celso Árevalo Carretero e Ignacio Carral, junto a los diputados republicanos, señores García Gallego, católico progresista y Martín de Antonio, radical socialista. Estos dos últimos, supieron aparcar sus diferencias ideológicas y aunando fuerzas, propusieron conjuntamente una enmienda a la Ley que habría de regular el régimen económico y jurídico del extinto patrimonio de la Corona, que luego sería aprobada el día 22 de marzo de 1932. En dicha enmienda se pedía: “Que se excluyera de lo que en adelante ha de figurar como patrimonio de la República, los bienes que por derecho corresponden a la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia, a la cual deberían ser devueltos, puesto que no se trata de una Entidad histórica, sino de una Entidad que aún subsiste con plena personalidad”. Las Cortes republicanas no fueron sensibles a la reivindicación secular de Segovia y rechazaron la proposición.

Algo similar se intentó con ocasión de haberse promulgado la nueva ley del Patrimonio Nacional, Ley 23/1982 de 16 de julio, que separaba los bienes del Estado de los que quedaban adscritos al uso de la Corona. Al iniciarse el año 1983, los parlamentarios populares por Segovia: Modesto Fraile Poujade, Carlos Gila González y el Senador José María Herrero González, elevaron la siguiente proposición: “Artículo Único.— Se añade a la disposición transitoria segunda de la Ley 23/1982, reguladora del Patrimonio Nacional, el siguiente párrafo: Los montes denominados pinares y matas robledales de Valsaín y San Idelfonso, se reintegran a la propiedad de la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, como su legítimo propietario. La gestión técnica de dicha propiedad se desempeñará por el Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA).” Esta propuesta, que no incomodaba al PSOE a nivel estatal, fue incomprensiblemente combatida desde aquí por los socialistas segovianos, correspondiendo al también diputado por esta provincia, señor Muñoz García, el honor de oponerse a su aprobación para que finalmente fuera rechazada por la mayoría absoluta en el hemiciclo que detentaba el partido del puño y la rosa.

No cupo mayor agravio, pues se negó a Segovia por segunda vez, lo que en otros lugares fue concedido a la primera. Como así hiciera el gobierno de la República, permitiendo que Madrid pudiera recuperar la Casa de Campo; Barcelona, el castillo de Pedralbes; Santander, el palacio de la Magdalena y Palma de Mallorca, el palacio y bosque de Bellver. Resulta evidente que la Historia nos debe más de una a los segovianos. ¿Llegaremos a tiempo de cobrarlas algún día?