Jesús Fuentetaja – El centralismo de Valladolid

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Tengo amigos y vecinos vallisoletanos, incluso vecinos del mismo origen que también son amigos. Todos ellos son buena gente y espero que no se molesten con lo que aquí voy a decir, porque para nada pretendo meterme ni con Valladolid ni con sus ciudadanos. Confío que no lo vean como una afrenta a su tierra, igual que ningún madrileño podría haberse sentido aludido personalmente, cuando antaño se criticaba el centralismo del régimen franquista que tenía su epicentro en Madrid.

Lo que está ocurriendo con la capital de Castilla y León no es muy distinto de lo que sucede por ejemplo con Sevilla o con Toledo, o con cualquiera de las restantes capitales autonómicas. Por mor del desafortunado desarrollo del Título VIII de la Constitución hemos multiplicado un único sistema centralista por diecisiete. De esto y de otras cosas similares se quejaba Alberto Martín Baró, compañero en las páginas de opinión de este medio en su artículo del pasado sábado día 2 de febrero.

No podemos negar que el llamado Estado de las Autonomías ha jugado un papel importante en el desarrollo económico, social y cultural alcanzado en nuestro país en las últimas décadas. Pero también ha traído algunos inconvenientes y puede que unos de los mayores haya sido el de reproducir en el espacio de cada nueva autonomía los esquemas organizativos de la Administración Central. Esto ya se advertía como un grave inconveniente para el nuevo sistema en el llamado Informe de los Expertos de mayo de 1981, elaborado a demanda del gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo por el equipo de administrativistas dirigidos por el prestigioso profesor Eduardo García de Enterría (página 24): “Pero de ahí a entender que las Comunidades autónomas necesiten pertrecharse del mismo aparato público de que ha dispuesto el Estado centralizado, va un largo camino que no debe recorrerse en ningún caso”, terminaban diciendo los expertos consultados.

Ya hemos visto el poco caso que se hizo de esta recomendación y ahora podemos sentir cuales han sido las consecuencias. Prácticamente sin excepción alguna, no solo se han copiado los modelos del antiguo Estado centralizado sino que incluso, en algunos casos, han sido ampliados hasta la saciedad. Así, con un insostenible incremento del gasto público se ha configurado en cada Comunidad un sistema de aparatos administrativos piramidales y altamente jerarquizados que eleva la necesidad de ajustar cualquier decisión del rango que fuera, incluso las más simples, a la decisión del burócrata de turno cómodamente instalado en la capital de la autonomía, desde donde observa, contempla y domina todo el territorio sometido a su poder.

Es en este contexto en el que se han venido a producir las desafortunadas declaraciones del alcalde de Valladolid, rechazadas por el último Pleno de la Diputación de Segovia. Desafortunadas, no porque no sea lícito reclamar para su ciudad los mejores servicios y las mayores inversiones públicas, pues no sólo estaría en su derecho sino que por su cargo vendría obligado a pelear por ello. Pero no que lo haga a costa de despreciar a los demás y que exija que éstas se hagan en detrimento de los derechos de los restantes ciudadanos que malviven en la geografía autonómica. Cuando se vive en la abundancia se acostumbra uno fácilmente a no rebajar su nivel de vida y todo lo que no vaya en aumento se considera un retroceso. No lo digo yo, lo dicen las estadísticas que sitúan a Valladolid en la única ciudad de Castilla y León que ha registrado un aumento en sus datos macroeconómicos desde la existencia de la autonomía.

No es de extrañar pues, que se levanten voces que denuncien el ominoso poder que se ejerce desde la capital de la región. Una de las que más alto ha clamado ha sido la del conocido escritor leonés Julio Llamazares, expresada en sendos artículos publicados en el diario El País los pasados días 2 de noviembre y 12 de enero. En el primero, con el título de “Osos y Centralismo” se quejaba que estando en León una de las facultades de Veterinaria más prestigiosas del país, por exigencias del procedimiento burocrático se hubieran trasladado a Valladolid los restos de un oso aparecidos en la propia provincia leonesa, para ser allí analizados. En el del mes de enero y con el título de “Ceausescu en Valladolid”, contestaba precisamente las declaraciones del alcalde al que nos venimos refiriendo, reiterando que la concentración de poder en las capitales autonómicas resulta ya obscena. En un sentido similar, el pasado día 3 de febrero la Gaceta de Salamanca se hacía eco de que el SACYL desde 2010 ha recortado la plantilla del Hospital Clínico de aquella ciudad en 146 plazas de sanitarios, mientras el de Valladolid la ha visto incrementada en 224 trabajadores más.

No vamos a echar más leña al fuego y menos desde Segovia, en donde todavía nos tienen en cuarentena por nuestra pasada rebeldía ante esta nueva división administrativa en la que fuimos metidos con calzador. Aunque aquí, entre otras cuestiones, también hemos visto recientemente como las ambulancias que operarán en la provincia de Segovia serán coordinadas desde la antigua capital del reino; y algo que puede que no todos conozcan: las cartas que se depositan en las oficinas de Correos de nuestra ciudad, aunque vayan dirigidas a domicilios segovianos, antes de ser repartidas son enviadas también a Valladolid para ser allí clasificadas.

Lo peor de todo es que más de uno nos tememos, que si nadie lo remedia, esto no ha hecho más que empezar, porque quien ostenta el poder difícilmente renuncia a su ejercicio de forma voluntaria.