Jenaro Albarrán Martín – Nacionalpopulismo

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En el interesante libro Sapiens, del historiador israelí Yuval Noah Harari, leemos: “A medida que el siglo XXI va avanzando, el nacionalismo pierde terreno rápidamente. Cada vez más gente cree que toda la humanidad es el origen legítimo de la autoridad política, y no los miembros de una nacionalidad concreta, y que salvaguardar los derechos humanos y proteger los intereses de toda la especie humana debiera ser el faro que guíe la política”.

La realidad, sin embargo, parece ser muy otra. A cada paso surgen indicios, señales, brotes cada vez más claros, no sólo de nacionalismo (“se trata de un movimiento político de liderazgo fuerte, apelación radical a la identidad nacional y gran hostilidad hacia la inmigración, la globalización, las minorías y el elitismo cosmopolita”, Fundéu BBVA), sino también de populismo, por cuyo motivo se puede hablar de nacionalpopulismo. Una mezcla explosiva de populismo y nacionalismo, que invita a pensar en la exacerbación de los sentimientos nacionalistas que condujeron a las dos guerras padecidas en el siglo XX. El nacionalismo es el credo, la fe, que hace ostentación de símbolos varios: en nuestro país, por ejemplo, la bandera, haciéndola suya. “…el nacionalismo promete que quien muere por la nación vivirá para siempre en su memoria colectiva”. ¿El nacionalismo es una ideología o, sostienen algunos historiadores, una religión, con lo que ello conlleva?.

El populismo agita los sentimientos irracionales de la gente- las masas- para ponerlos “en contra de las élites”. Es un conjunto de fenómenos que cuestionan la tan traída y llevada democracia liberal. “El nacional/populismo actual no es más que una máscara posmoderna – y de momento no tan letal- del totalitarismo de los años 30” (Javier Cercas).

Un caso paradigmático lo encarna el presidente norteamericano, que recientemente hizo gala de su ignorancia supina al bromear con ocasión de que varios Estados de USA habían registrado unas temperaturas inusualmente bajas; pero tenemos más ejemplos: Orbán en Hungría, Bolsonaro en Brasil, Salvini en Italia (Italia, un país fundacional del germen que devino la UE), no olvidemos al “califa” Putin, VOX – que no está solo- en España; en Alemania, Francia, incluso Dinamarca, Suecia, hay partidos o gobiernos que ponen en tela de juicio la, hasta ahora respetada, democracia liberal y sus instituciones. ¡Salvapatrias!

¿ Y qué decir de la UE? ¿Se cumplirán los sueños de Robert Schuman y Alcide De Gasperi? Esperemos que esos hermosos sueños no se conviertan en pesadilla .Hay que reconocer que la UE está enferma. ¿Quién la sanará?