J. Mª L. López (*) – Las bienaventuranzas del político y el Corpus Christi

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¿Tendrán algo que ver en la vida real las dos situaciones que plantea el título de este artículo? Veamos.

El cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan que pasó trece años en cárceles vietnamitas, 9 de ellos en aislamiento, con la llegada del régimen comunista al poder en Vietnam, redactó las Bienaventuranzas del político que, obviamente se refieren no solo a los hombres, sino también a las mujeres comprometidas en la acción política y que expreso tal como fueron redactadas por su autor:

“Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo”.

Hoy celebramos en la Iglesia la Fiesta del Corpus Christi. Como nos recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social: “las calles de pueblos y ciudades se engalanan con el color y la fragancia de flores y plantas, tomillo y hierbabuena…lo mejor de nuestros campos y jardines para el Cuerpo de Cristo. Él nos bendice pasando por donde vivimos y nosotros lo alabamos con los frutos y semillas de la tierra que nos sustenta. Ancianos, enfermos, niños, jóvenes y adultos, todo el Pueblo de Dios irá caminando y cantando al Amor de los amores. Adoro y confío”.

Hasta aquí no se ve qué relación pueden tener esta procesión del Corpus Christi con las bienaventuranzas del político. Sin embargo, podemos avanzar en esta relación si caemos en la cuenta de que el Cuerpo de Cristo que se saca en procesión, es el que se consagra y celebra en las Eucaristías, que no es solo el recuerdo de la muerte y resurrección de Jesucristo, sino que debe ser también el signo de la comunión y fraternidad que hemos de cuidar entre todos. No celebramos un amor desencarnado, sino el compromiso de trabajar por la justicia, de vivir de manera solidaria, de trabajar por cambiar las cosas, de esforzarnos por compartir los problemas de los que sufren… Nos afecta a los que comulgamos el Cuerpo de Cristo y le sacamos hoy en procesión, pero también a quienes han optado por dedicarse al servicio público y yo diría que a todos los ciudadanos de bien.

Este día del Corpus celebramos en la Iglesia el Día de la Caridad, que la define Madeleine Delbrel como: “tener un corazón para compadecer, manos para cuidar, piernas para ir hacia todos los que sufren”. Es lo que hace Cáritas Española, la ONG de la Iglesia, cada día y que promueve y acaba de presentar su VIII Informe FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada). Este Informe es un termómetro de la sociedad española, que quiere expresar la situación real de la misma, expresada por la Iglesia que se siente corresponsable de la sociedad en la que vive y por la que se entrega. Harían bien en tenerlo en cuenta nuestros dirigentes sociales y políticos. El VIII Informe FOESSA expresa que, aunque la salida de la crisis ha supuesto la recuperación de la clase media a niveles anteriores al batacazo económico, lo cierto es que la bolsa de la pobreza severa es cada vez mayor y se reducen las posibilidades de abandonarla. En España 8,5 millones de personas viven en situación de exclusión social, lo que supone un 18,4% de la población, 1,2 millones más que en el año 2017. El 30% de la población española está en situación límite para afrontar sus necesidades y el 14% de los trabajadores son pobres… Son alguno de los muchos datos que ofrece este Informe, que invito a leer. Detrás de los cuales hay personas de carne y hueso.

Como recuerda la revista Vida Nueva: “Las denuncias de este informe corren el riesgo, una vez más, de ser utilizadas como arma arrojadiza por actores políticos, a quienes más les valdría tomar nota para poner en marcha políticas sociales a medio y largo plazo para evitar la cronificación de la exclusión y los crecientes márgenes de desigualdad. Porque sería mucho pedir que los poderes públicos asumieran la necesidad de promover un cambio estructural real a través de un gran pacto social, que permitiera reconvertir un Estado del Bienestar, cada vez más debilitado, en una auténtica sociedad de los cuidados y en la que asegurásemos que nadie quede descartado”.

Bienaventurados los políticos que crean y trabajen por este pacto social. Sin embargo, los pactos que vamos viendo estos días, desgraciadamente van por otros derroteros…