Francisco Puch – Segovia entrañable II

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Es fácil escribir sobre esa belleza natural que es la ciudad de Segovia y su emplazamiento a los pies de la Sierra de Guadarrama, la Sierra de Segovia por excelencia, a la que empinándote un poco desde el paraje de la Canaleja, casi la puedes tocar con la mano, acariciando con la mirada la Mujer Muerta, Siete Picos, Peñalara, El Montón de Trigo, la Bola del Mundo, toda la Sierra de Guadarrama, desde Somosierra hasta Santa María de la Alameda, es excepcionalmente segoviana, mal que les pese a algunos madrileños que se quieren apropìar de ella, sin saber que mucho antes de pertenecer a Madrid, era toda ella de Segovia, el Sexmo de Casarrubios, el Sexmo de Lozoya, el Sexmo de Manzanares, el Sexmo de Tajuña, el Sexmo de Valdemoro,

Pero amén de todos los Sexmos segovianos y pueblos comprendidos en ellos, voy a hacerme a mí mismo determinadas connotaciones que me llevan a amar a Segovia, a la que califico de entrañable, a fuer de que no me gusta repetir el epíteto, pues con decir de ella que es Patrimonio de la Humanidad, es más que suficiente.

En más de un escrito, incluso en alguno de mis libros he hecho consignar una frase, dedicada a todo visitante a la ciudad de Segovia: “Viajero, llegas a Segovia, quítate el sombrero”. Hay que descubrirse al llegar a Segovia por cualquier camino.

Ayer comentaba los que ante mis ojos desfilaban mientras a la umbría de un árbol leía El Adelantado, hoy a pesar del trabajo que me cuesta caminar, he roto mi inmovilismo bajando por la calle de la Puerta del Sol hasta el Paseo del Salón de Isabel II a San Millán y desde Sancti Spiritus he tomado la Cuesta de los Hoyos, que hoy no sé cómo se llama, para dejando a la derecha la hondonada del Clamores, el antiguo matadero y las viejas tenerías, contemplar la magnífica imagen de la dama de las Catedrales, ya llegando a San Marcos vieja iglesia románica del siglo XIII, he podido contemplar la maravillosa quilla del Alcázar, navío en tierra, y acercándome a la confluencia del Clamores con el Eresma “se nos va el Eresma por San Pedro Abanto, se nos va el Eresma, se nos va llorando”, he llegado a la puerta del santuario de nuestra excelsa Patrona, donde hace ya 60 años acudía con la que acababa de convertirse en mi por siempre amada esposa, para depositar a sus pies el ramo de flores de azahar que ella portaba. Me di la media vuelta y por el Camino de Santa Lucía arriba, dejé a mi izquierda el antiguo monasterio dominicano que fundara Santo Domingo de Guzmán allá por el año 1218 que fue hospicio provincial, Universidad SEK y sobre cuya fachada permanece indeleble el “Tanto monta, monta tanto” de Isabel y Fernando, ¡cuántos siglos de historia a sus espaldas tiene Segovia!. Para termina mi andadura y quedar de nuevo extasiado llego ante la majestuosidad del Acueducto, nuestro Acueducto, que viene a evocar aquellos versos que grabados tengo en la memoria: “Amo tanto a Segovia que quisiera, andar de nuevo en ella mi camino; comenzar otra vez como si fuera que el tiempo se ha parado y estuviera, empezando a luchar con el destino y que mi otoño fuera primavera”.

Mañana hablaremos de Segovia.